Artes marciales la luz convertida en fuerza interior

Artes marciales y fosfenos

Artes marciales la luz convertida en fuerza interior con las técnicas de Dr. Lefebure Methods

Las artes marciales sin duda son una de las prácticas de mayor relación con el Fosfenismo, en el sentido de la búsqueda del desarrollo espiritual del individuo. El Fosfenismo se sumerge en nuestro interior a través de las sensaciones luminosas subjetivas y la utilización de estas en beneficio propio; las artes marciales utilizan técnicas similares basadas en la contemplación de la luz, fosfenos, por ejemplo, para desarrollarse interiormente y aprender desde ese interior el arte de la lucha.

El sistema, por lo tanto, es un sistema complejo, lo que ha hecho que con la fascinación despertada en el mundo occidental haya sido necesario modificar las técnicas para «vaciarlas» de ese contenido espiritual, convirtiéndolas en meras series de movimientos estructuradas para realizarse de forma mecánica, lo que hace que exista una enorme diferencia entre las artes marciales tal y como se conciben en la actualidad y las procedentes de los grandes maestros orientales. De hecho esa es la gran diferencia entre unos y otros: la utilización de la «luz interior» «fosfenos» como fuente de espiritualidad y de desarrollo mental.

En este sentido el Doctor francés Francis Lefebure fue capaz de ver la relación entre el Fosfenismo y el desarrollo espiritual de los individuos y de crear una serie de técnicas para potenciar dicho desarrollo. Mediante esta utilización de la luz, fosfenos, a la que se añade el pensamiento o la imagen interior de un movimiento o un sonido, siempre aplicándole un ritmo específico de sincronización neurológica, se produce la llamada «mezcla fosfénica» que deriva en el sistema ritmo-fosfénico de activación sutil emocional y mental. La sincronización de esta mezcla permite desarrollar las capacidades para el perfeccionamiento de las artes marciales.

De este modo, al eliminar las técnicas de meditación, contemplación o relajación de los métodos tradicionales de aprendizaje de las artes marciales, se elimina precisamente su perfeccionamiento y fin último. De ahí las grandes diferencias entre los maestros tradicionales chinos o japoneses y los deportistas actuales. Dicho de otro

Artes marciales y fosfenos

modo, se ha eliminado todo contenido religioso, lo que hace que se pierda la esencia misma de las artes marciales para centrarse únicamente en el aspecto estético y práctico de la lucha.

Las artes marciales comienzan a ser consideradas un beneficio para la salud y el desarrollo personal después de la dinastía Ming. En ese momento empieza el vínculo con la religión y se añade, a la idea inicial del desarrollo de técnicas de defensa y ataque, una idea más espiritual como perfeccionamiento a estas técnicas que aporta un elemento diferenciador: la habilidad. Los monjes budistas comienzan a participar en las artes marciales y, de hecho, son los creadores de la mayoría de ellas.

La religión proporciona a la técnica de las artes marciales la consciencia de sí misma, de modo que el luchador no solo sabe qué movimientos ejecutar sino que conoce tanto las consecuencias como sus limitaciones ante dichos movimientos, pudiendo adelantarse a los del rival así como a los suyos propios. Por este motivo las religiones y doctrinas asiáticas están tan vinculadas a las artes marciales desde el momento en que son doctrinas de una gran espiritualidad en las que se pretende el cultivo de la mente, lo que no ocurre en el mundo occidental, en el que términos como kundalini, chakras o ki son totalmente desconocidos e incluso se advierten como peligros, como ocurre con la energía kundalini, precisamente por ese motivo.

Las artes marciales proporcionan al individuo la conciencia de sus capacidades, lo que le permite desarrollar su habilidad. El Chan, llevado por Bodhidharma desde la India a China y de ahí al más conocido Zen japonés, es una doctrina budista basada en la meditación que desembocó en el Kung-Fu y el Tai-Chi; el Hwa Rang Do (cuyo significado es el camino del florecimiento de las virtudes del hombre) preparó a los mejores y más temidos guerreros coreanos, cuya fama atravesó las fronteras de la incipiente Corea; los estilos Neijia o Nei-Chia, que ahonda en esta conciencia de las capacidades del luchador, y su contrario Waijia o Wai-Chia, que busca técnicas externas de gran dureza, crearon el dualismo entre las artes marciales internas y externas, lo que paradójicamente crea una conexión entre ellas. La plenitud, la sublimación del individuo está en la unión entre el Neijia y el Waijia, la habilidad interna y la técnica exterior.

El taoísmo influyó en gran parte de las artes marciales. Sus fundamentos, basados en las tres fuerzas: el tao (la fuerza superior, conciliadora), el ying (el sol, la luz) y el yang (la luna, lo oscuro) como esencia de la naturaleza, se centran en la meditación como medio para encontrar el camino hacia la felicidad. Como expresa el pensamiento de Lin An, gran maestro taoísta, el camino hacia la felicidad no está en usar las cosas para deleitar el corazón sino en usar el corazón para disfrutar de las cosas. El taoísmo, una de las religiones más antiguas de la humanidad, que comenzó en el siglo III antes de Cristo y se desarrolló como movimiento religioso en el siglo II de nuestra era,  fue la inspiración de los grandes maestros chinos de las artes marciales. Basada en la meditación como método para alcanzar la fusión con la naturaleza, el maestro taoísta se caracterizaba por retirarse a lugares apartados y en plena naturaleza, como montes o barrancos, para entregarse a la meditación y la concentración en un único punto. Una de las técnicas taoístas para la meditación eran los baños de ying (sol) o de yang (luna), junto con una serie de ejercicios respiratorios en los que intentaban retener el aire el mayor tiempo posible, reduciendo el número de respiraciones hasta alcanzar el éxtasis místico. Desde el Fosfenismo, estas técnicas tienen una explicación evidente, ya que la observación de los fosfenos, unida a la incorporación de un ritmo, en este caso respiratorio, son la esencia de la práctica fosfénica estudiada y descrita por el Doctor Lefebure.Taoísmo, artes marciales y Fosfenismo

Del viaje taoísta hacia Japón surge el sintoísmo, y muchas de las artes marciales japonesas. China nutrió a Japón de importantes aspectos de su cultura, principalmente la escritura y el sentimiento religioso o la espiritualidad. El sintoísmo proviene de la palabra shinto, que proviene del chino shin-to, que significa «camino de los dioses». La religión japonesa basa toda su perspectiva en el sol; no en vano es el país del sol naciente. También el fuego tiene mucha fuerza en el culto japonés como fuente de purificación, como bienvenida a la nueva energía en la primavera, como vía de comunicación con los difuntos, por ejemplo en la fiesta Bono en la que se realiza una procesión hasta el cementerio con grandes antorchas, como celebración del año nuevo etc. Amaterasu, la diosa del sol, es para los sintoístas la fundadora de la dinastía imperial japonesa, pues su nieto fue, según cuenta la leyenda, el primer emperador del Japón, al que al ser enviado a la tierra le dio un espejo con estas palabras: venera a este espejo exactamente como si fuera a nosotros a quienes veneras. El espejo, la polarización de la luz, la diosa del sol se lo da al hombre como el sol da sus rayos de luz a la luna yang

Es interesante observar que el padre del Dios del fuego en la mitología sintoísta le corta la cabeza al nacer por haber causado la muerte de su madre, es en la cabeza donde se asienta el raciocinio y es con el espíritu con lo que trabaja el fuego, la luz, los fosfenos, (corte con el espíritu, pérdida del paraíso sutil);  a la muerte de la tierra, la madre, el Dios responde con el cielo, el espíritu. Del mismo modo que con los Arios Mitra, la faceta brillante del sol, el lado de la luz terrenal, tiene un homólogo sutil Varuna, rey del otro lado, poder de los muertos y del orden cósmico.

Se mira la luz, el fuego el sol, y es con su recuerdo, cuando ella no está, cuando aparece el fosfeno…

De todos los mitos sintoístas nacen las principales bases de las artes marciales: el ritmo, basado en bailes y ejercicios, y la contemplación de la luz como medio para alcanzar la espiritualidad, ya sea a través del sol, del fuego o de la luz indirecta, pues se sabe que una de las prácticas taoístas consistía en observar la luz del sol a través de un espejo. Este mito del espejo continúa en el sintoísmo, en el que Amaterasu, tras un conflicto con su hermano Susanoo, se encierra en una cueva, privando al mundo de la luz solar y sumiéndolo en la oscuridad, marchitándose así los campos y llenándose de malos espíritus. Los otros dioses, los kami, preocupados por el futuro de la humanidad, organizan una fiesta muy ruidosa para sacarla de la cueva y al salir le muestran un espejo en el que ella ve su propia imagen reflejada, brillante y llena de luz, y queda fascinada por su propio reflejo, luz polarizada, y con el ritmo del baile (nada distinto al baile, por ejemplo, africano para conectar con el alma del bosque) ; todo ello elementos básicos en el entreno fosfénico, luz, ritmo…

El sintoísmo utiliza unos movimientos anteroposteriores rítmicos mientras repite rítmicamente kiaï tras los cuales se juntan las manos, palma con palma y se realizan pequeñas vibraciones rápidas de todo el esqueleto, todo ello se realiza ante el sol naciente o poniente… un escenario fosfénico muy familiar al practicante de Fosfenismo: ritmo a la sexta parte, balanceo anteroposterior, fosfeno solar. Estos movimientos rápidos también los encontramos en el Aïkido como ejercicios previos. El ritmo está también presente en la oración del sintoísmo, así es como se recitan los nombres de los Kamis, 108 nombres recitados con ritmo y frente al fuego mientras se genera un pequeño balanceo.

Todo ello muestra la reacción subjetiva ante la luz, el fosfeno. De este modo, el Fosfenismo, el estudio de la luz y su repercusión, junto con la combinación de esta con el ritmo, es también muy útil para comprender la simbología de los mitos, sobre todo en las religiones orientales, como el taoísmo, que son las que se basan en la luz como fuente principal de inspiración y espiritualidad. La combinación del fosfeno con cualquier ejercicio rítmico ayuda a estimular las funciones cerebrales y ampliar notablemente su rendimiento. El Fosfenismo es un conjunto de técnicas que explican la conjugación perfecta del ritmo y de la luz para lograr una estimulación excepcional del cerebro y del sistema nervioso que precisamente es la esencia de las artes marciales y de la sabiduría de los grandes maestros.

Una opción histórica válida es estudiar los símbolos de los mitos y las ceremonias que los arropan, otra muy distinta y fundamental es establecer su relación con el hombre y bucear en sus fundamentos estableciendo denominadores comunes a todas las culturas, ritos y religiones, cuando se hace lo mismo en todos los lugares sea cual sea la gente que los habite e indistintamente de la época en la investiguemos, eso es importante y no es un símbolo más, eso es el origen de los mitos y eso es la verdadera tradición. Siempre, en todo momento y en todo lugar, sea cual fuere la raza o la cultura, el hombre ha mirado la luz, es decir, ha hecho fosfenos.

Daniel Stiennon