Evolución cerebral

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Secretos olvidados de los últimos iniciados gitanos: evolución cerebral

La cabeza es el santuario interior del templo que es el cuerpo humano. Creado y protegido por las circunvoluciones del laberinto que es el cerebro. En  cada uno de sus giros el hombre realiza una etapa de su evolución.

En el centro de la espiral se encuentra a sí mismo y puede descubrir entonces el mecanismo del laberinto.

Jill Purce

Pietro Valenti

El libro Secretos olvidados de los últimos iniciados gitanos, es rico en enseñanzas espirituales y en conocimientos sobre la importancia de nuestro cerebro y sus leyes en nuestra futura evolución. Un estudioso del Fosfenismo quedará impresionado por la sabiduría de este iniciado gitano.

El laberinto se equipara aquí al cerebro. Observamos, en la creación de este laberinto sagrado, una distribución simétrica de los surcos que representan las circunvoluciones cerebrales de los hemisferios derecho e izquierdo. Hay una distribución armoniosa de los surcos en distintas longitudes o ritmos. Lo que representa una clave en la práctica de los ejercicios y la necesidad de un equilibrio interhemisférico para acceder al mundo espiritual.

Este laberinto es el de la catedral de Chartres. En su centro se sitúa el misterio de los misterios, es el lugar de la iniciación, de los hierogamos (Hieros Gamos o Hierogamia, del griego hieros = santo y gamos = matrimonio, acoplamiento), hace referencia a una unión sagrada, a un acoplamiento (a veces matrimonio) entre dos divinidades o entre un dios y un hombre o una mujer, generalmente en un marco simbólico, a menudo ritual. El psicoanalista Carl Gustav Jung lo trata, entre  otros símbolos fundamentales universales de la humanidad, en su obra La metamorfosis del  alma y sus símbolos. Conviene no salir del laberinto, sino ir al centro. Este centro representa una flor en 7 partes. Se trata, para los iniciados, de los 7 chakras cerebrales cuyo despertar precede al de los 7 centros espinales (chakras convencionales). Se pueden también ver los 7 circuitos cerebrales de Timothy Leary (chakras). Es necesario activar estos centros sutiles y estos circuitos.

Evolución cerebral con los fosfenos

El centro se asimila al cerebro límbico, al tálamo. Se trata de la zona secreta que debe activarse, sobre la cual volveremos de nuevo en otros artículos, y que está en relación con la medula espinal y la circulación del líquido céfalo raquídeo.

La función rotacional del cerebro

La puso de relieve el Doctor Lefebure. En cada uno de sus giros, el hombre realiza una etapa de su evolución. Por otra parte, el iniciado gitano observa una espiral que se enrolla y proporciona al dibujo la impresión de movimiento circular. Se trata, para el fosfenauta, de comprender la importancia de las meditaciones en giro «meditación giroscópica», y de los movimientos circulares o espirales. El mecanismo del laberinto se basa en la espiral y la trenza (los canales de ida y pingala se envuelven en forma de trenza), al igual que kundalini. Mediante la práctica de rotaciones  y de ritmos específicos, el iniciado accede al conocimiento de sí mismo y de su alma. Descubre entonces que el laberinto contiene la clave de la iniciación, que su cerebro obedece a mecanismos o leyes.

La neguentropía o el cerebro como modelo de evolución

En el universo coexisten dos grandes fuerzas: la entropía y la neguentropía o entropía negativa. La entropía es simbólicamente lo que podríamos llamar el desorden, el mal, una función que lleva hacia la destrucción, hacia una pérdida de información. Así pues, los sentimientos de odio, de violencia, las emociones negativas que dañan a nuestro tejido humano, son factores de entropía.

La neguentropía es al revés, el factor de orden, el bien, aumento de la información. Los sentimientos de amor, de compasión, bondad, caridad, en resumen lo que llamamos virtudes (de vida, fuerza). Lo que estructura y permite el desarrollo de nuestro tejido humano es la neguentropía.

La vida es la expresión misma de una corriente neguentrópica que anima el universo. La estructuración de las complejidades biomoleculares por la neguentropía hace que los organismos vivos mejoren. Aumentan su densidad en información, su complejidad.

El sistema nervioso es la expresión misma de este aumento de la información. No cesa de complicarse hasta conseguir el cerebro humano que  nosotros conocemos. Millones de fibras nerviosas se interconectan por medio de protuberancias dendríticas  para que la información circule, creando distintos ganglios cerebrales que forman la masa encefálica que distingue las especies. Es el salto cuántico que creó, en nuestro caso, un cerebro distinto al de otras especies.

Estas estructuras neuronales básicas se interconectan a su vez y forman redes de complicación creciente. La configuración final es nuestro cerebro capaz de recoger y procesar la información de su medio físico.

La formación de la superficie septal y de la corteza frontal (formación ganglionaria, amígdala e hipocampo) crearon un acontecimiento particular: la conciencia. El sistema nervioso evoluciona por un salto cuántico. Cuando se alcanza un nivel de información se desarrollan nuevas estructuras. Hasta que no se alcanza este nivel de información, sus funciones se estancan.

Lo mismo ocurre con nuestro cerebro, también funciona por salto cuántico, tanto que si no ha alcanzado un nivel de energía y de complejidad particular, no puede entonces pasar a una nueva configuración. Permanece hasta cierto punto infraexplotado y no puede generar un nuevo salto. Es necesario que nuestra red nerviosa, nuestro cerebro, se estructure de una manera particular para que ocurra un acontecimiento especial en su red.

Esta red alcanza entonces una configuración que producirá un nuevo modelo, la aparición de una nueva función. Ya se observó que cuando los elementos de un grupo se reúnen, la suma de la información de este grupo es superior a uno de los individuos que lo compone y que se resume por el 1 + 1 = 3.

Para nuestro cerebro es lo mismo, los elementos que lo componen de manera aislada no pueden realizar las facultades de que dispone, pero los vínculos de redes neuronales, nerviosas, químicas,… nos permiten beneficiarnos de este maravilloso instrumento que hace que usted nos lea y aumente su nivel de información.

El hecho de conectar algunos elementos hace que se creen acontecimientos. Pero solo algunas conexiones favorecen esta aparición, por eso se le puede llamar «modelo emergente».

Es necesario  tener una red densa y compleja que aumente la densidad informativa. Eso debe convertirse en la aparición de una nueva función, pero esta nueva función debe corresponder a un «modelo emergente».

Hay pues configuraciones precisas, modelos precisos que crean una nuevas funciones. Cuanto más complejo es el «modelo de emergencia» su expresión y manifestación será trascendental en relación al común de los mortales. Cuando decimos cuántico, nos referimos al comportamiento aleatorio, hay  una parte de indeterminismo en un mundo de fuerte determinismo y una evolución por escalas. Los fenómenos fosfénicos se desarrollan también con este modelo. El desarrollo no es continuo, sino por escalas.

El nivel de los ritmos cerebrales hace que de un solo golpe se viva una experiencia. Algo bueno sobreviene a la conciencia. Las nuevas funciones emergentes que corresponden a un modelo existente permiten la expresión de estas nuevas facultades o experiencias. No desarrollar estas funciones es retroceder; parece que ciertos hombres hubieran encontrado las claves de esta evolución poseyendo estos modelos, que la humanidad habría perdido.

Por la neguentropía y por una contribución de energía luminosa fotónica, el funcionamiento de nuestro cerebro no se detendrá, se volverá cada vez más consciente aumentando su densidad en información. El libre albedrio entonces aumenta y también la acción del cerebro sobre la materia en su medio ambiente. Piense en las distintas tradiciones espirituales y los poderes que tienen algunos de los llamados santos u hombres de Dios, su diferencia con nosotros es profunda: telepatía, precognición, visión a distancia, desdoblamiento, multilocalización, control de la materia, distintas materializaciones, hipertermia, levitación, dones de curación, dominio de los elementos, fenómenos del cuerpo glorioso, desaparición del cuerpo en la muerte o reducción de este último, etc. Se observa que el cerebro de estos hombres domina su medio ambiente. Obedece a leyes que algunos investigadores tratan de actualizar, ante la indiferencia total de otros. Teorías como los campos morfogenéticos o las ondas escalares, permiten dar un principio de explicación a lo que nos parece paranormal o espiritual.

El cerebroscopio y la actualización de los «modelos emergentes»

El Dr. Lefebure, en su búsqueda espiritual y tras su iniciación por Arthème Galip (iniciado zoroástrico) a los 18 años, experimentó la activación de los centros espirituales o chakras.

La iniciación por el mago indonesio Pak Subuh (mago indonesio creador del movimiento subud) a los 44 años, le hizo comprender las leyes que generaban las experiencias, leyes que tenían una base fisiológica  y que se podían comprender, estudiar y reproducir uno mismo.

Si el Dr. Lefebure no hubiera  sido un médico con conocimientos científicos amplios, nosotros no tendríamos hoy una base experimental de los fenómenos espirituales u ocultos.

La comparación entre estos dos «maestros» llevó al Doctor Lefebure a pensar que es una determinada manera de balancear la cabeza, meditando al mismo tiempo, lo que repercute sobre el funcionamiento del cerebro, generando ritmos en el pensamiento. No pudiendo utilizar la electroencefalografía, que requiere un descanso muscular total para analizar estos efectos, tuvo la idea de utilizar los fosfenos. Descubrió un hecho sorprendente que ningún autor había indicado antes y que nombró efecto subud. Fue el inicio de sus investigaciones sobre los fosfenos que lo condujeron, cuatro años más tarde, al descubrimiento de la «mezcla fosfénica», método pedagógico ahora muy conocido.

Numerosas tradiciones espirituales utilizan movimientos de la cabeza, y  este estudio de los fosfenos le permitió poner de relieve las leyes emergentes a través del cerebroscopio, que acabaría dando pie al Fosfenismo.

La ley de la emergencia del efecto subud: se constató en os fosfenos simples, es decir, por la creación de un fosfeno consecutivo a la observación fija de un punto de luz. A algunos ritmos, el fosfeno se balancea a la misma velocidad que la cabeza, a ritmos muy rápidos, parece quedarse fijo y a ritmos muy lentos, parece balancearse un poco, pero menos que la cabeza.

Esta ley dice que hay un ritmo óptimo que favorece el balanceo del fosfeno con la cabeza o el cuerpo. Este ritmo indica la existencia de una periodicidad para la excitación alternativa de los hemisferios que favorece la asociación entre el fosfeno creado y los movimientos.

El Dr. Lefebure constató que esta observación era de una importancia capital. Este solo hecho ya posee un alcance neurológico y pedagógico considerable. Abre la puerta a una nueva rama del conocimiento humano: la neuropedagogía.

Debemos remarcar que  fue el precursor de las investigaciones en neurociencias, no para demostrar como  ocurre a menudo, que los fenómenos espirituales ocultos o iniciáticos son una distracción sensorial que se puede producir por un campo magnético (estímulos magnéticos o SMT), o con algunos estímulos eléctricos en ciertas zonas del cerebro, para concluir que se producen procesos  alucinatorios en el origen de las creencias espirituales y  en las religiones, sino como inicio a la exploración de un potencial humano inexplorado que permite a cada uno navegar, mediante la experiencia, por la verdad de los fenómenos iniciáticos u ocultos.

Obviamente, la liberación del  hombre del yugo que se le quiere imponer, los intereses de grupos de presión, las reputaciones de algunos que se denominan como grandes buscadores, la voluntad de separar lo espiritual de lo material, y los esquemas de creencia imperantes, hacen que no oigamos hablar nunca en los medios de comunicación de los descubrimientos del Dr. Lefebure, ni de sus aplicaciones espectaculares en la educación, la salud, el desarrollo personal, la neurología, la religión y las sociedades denominadas iniciáticas.

El Dr. Lefebure descubrió la existencia de ritmos particulares que favorecen las sincronizaciones de los hemisferios cerebrales, las conexiones neuronales y el despertar de las facultades denominadas paranormales o espirituales.

La ley de la aparición de los balanceos naturales, físicos y del pensamiento

En la fase de gateo el bebé se balancea frecuentemente, una vez se sientan, los niños se balancean naturalmente. Las canciones infantiles se basan en ritmos y los padres balancean naturalmente a su bebé en sus brazos de derecha a izquierda (do, do, el niño do, el niño dormirá pronto…).

Los juegos de los niños, como el balancín caballo, el columpio (herramienta iniciática), las rotaciones sobre ellos mismos que tanto les gustan y que encontramos en todos los parques para niños, son la expresión más evidente de las leyes fisiológicas, nerviosas y cerebrales naturales de desarrollo de nuestra humanidad y es de donde proceden las múltiples prácticas de balanceos en las iniciaciones.

Debemos volver a ser como niños pequeños y dejarnos llevar por nuestros ritmos naturales internos. Es lo que se entiende como el no actuar, el estado natural, no para imponer una práctica arbitraria sino para ir en el sentido de nuestros ritmos internos y dejarse llevar por ellos. Ir en el sentido de la corriente neguentrópica de nuestro encéfalo. Obviamente nuestra humanidad desvirtuada, considera el balanceo como un problema psicológico, expresión de un autismo, de un mongolismo o de un desajuste mental.

En nuestros días  se prohíben las manifestaciones naturales de nuestro desarrollo encefálico, y  se produce un desajuste que hace que la energía de nuestro sistema nervioso se estanque en la corteza motriz y produce niños que se vuelven hiperactivos y menos equilibrados. En resumen, se produce el desequilibrio como norma, y nos extrañamos a continuación por la aparición de un gran número de patologías psíquicas en niños y adultos; pero como observó el Dr. Lefebure, el balanceo patológico es la expresión de un desajuste en la alternancia del funcionamiento de los hemisferios cerebrales.

Función rotacional del cerebro

La observación que el cerebroscopio permite de nuestros ritmos de alternancia cerebral, es una herramienta poco costosa de diagnóstico en patologías y problemas psicológicos, y abre posibilidades de corrección, de mejora, o incluso de curación de algunos desordenes.

Personalmente pude trabajar con un joven trisómico con fosfenos, era verano, al igual que sus padres, se sorprendieron de su mejora en el reconocimiento de las palabras y de su lectura con los fosfenos. Sentía gran placer con los balanceos laterales con el ritmo de 2 segundos. El único problema es la voluntad de aplicar con perseverancia el método y de aceptar que hay escalones en la progresión.

La formación de fosfeno-pedagogos en distintos ámbitos como la medicina, la psicología, la psiquiatría, la psicoterapia, la educación nacional, la  administración penitenciaria, entre otros (podríamos extender las modalidades de aplicación) sería de una proyección formidable.

El ritmo es la expresión de la vía de desarrollo natural de nuestro encéfalo, es el  factor de neguentropía, y en consecuencia de orden, y también de la aparición de nuestras facultades cerebrales. Favorecer su desarrollo, ir en su dirección,  es aumentar estas mismas facultades y dejar emerger las propias facultades, totalmente normales que calificamos de paranormales.

Así pues, el fenómeno telepático es una utilización normal de nuestras facultades cerebrales. Se puede exactamente decir que si no se presenta natural o espontáneamente, es por una falta de desarrollo de las leyes de emergencia de estas facultades. Leyes que hoy conocemos, y que un entrenamiento conveniente durante la  infancia, la adolescencia y la edad adulta, volverían permanente.

El desarrollo de los ritmos naturales del sistema nervioso y el encéfalo producen que emerja una red neuronal particular que permite la transmisión telepática. El estímulo de nuestras sinapsis o conexiones neuronales debe desarrollarse, entonces, con total naturalidad, estas facultades raras se volverán comunes. Lo que es verdadero para la telepatía,  lo volverá a ser para el resto de las facultades espirituales. Se trata simplemente de conocer y desarrollar las leyes de la emergencia. Es una evolución psicofisiológica cuyas claves poseemos.

La causa de que estas facultades sean difíciles de reproducir, son las burlas de algunos científicos (no todos, pero no tienen el acceso televisivo concedido a sus colegas), es simplemente que no se ha creado una red necesaria para que emerja. El modelo de emergencia, no se ha identificado, o no se volvió estable.

Profundas investigaciones permitirían a los adultos desarrollar estas facultades mediante la utilización de una tecnología adaptada que permitiría experimentar nuevas posibilidades cerebrales. Lo que me hace pensar en eso es la famosa transmisión iniciática entre un maestro y un discípulo, fenómeno denominado shaktipat (transmisión de poder). Un verdadero maestro es capaz de inducir en algunos momentos, una fuerza que se apodere de todo el ser del discípulo, causando experiencias espirituales. Esta fuerza depende obviamente del maestro.
Se trata de una operación de sintonía y de la expresión de la ley de resonancia. Se pretende enviar al alumno idéntico nivel de realización que su maestro; pero sin entrar en detalles, parece que la shaktipat varía según el individuo receptor y no produce siempre el efecto esperado por el discípulo.

Se entiende que se  trata  de facultades que  se pueden adquirir, en cuanto el «modelo de emergencia» se conozca, mediante un entrenamiento, o por una transmisión iniciática que desencadene la inducción realizada por un maestro o un adepto; el problema de la moralidad de la persona beneficiaria y del inductor no es banal, personas de un nivel moral muy bajo pueden, mediante un entrenamiento accidental en la infancia o por un riguroso procedimiento iniciático, manifestar la ley de emergencia, o una disposición psicofisiológica emergente vinculada de forma aleatoria o hereditariamente, encontrarse dotadas de facultades que otros no tienen.

Puede producirse cierta inquietud si los ritmos estimulan zonas cerebrales vinculadas a la expresión de sentimientos desordenados. Entonces se desencadenarán manifestaciones de fanatismo, de odio, o de una sexualidad caótica. La necesidad de una  estructuración mediante un «maestro» equilibrado es evidente,  también la enseñanza de las leyes emergentes vinculadas a los mejores ritmos y ejercicios que favorecen la neguentropía (el orden). Así pues es posible, gracias al cerebroscopio, estudiar las prácticas más beneficiosas y modificar las más caóticas.

En un futuro próximo, el estudio de las leyes de la emergencia estará asociado a los ritmos particulares descubiertos por el Dr. Lefebure, así como los ejercicios vinculados a estos ritmos, por ejemplo el caos visual y su tradición en el yoga y el budismo tibetano.

F.T investigador en ciencias neurológicas