Milagro de Fátima

El milagro de Fátima

El milagro de Fátima, la danza solar y el Fosfenismo

El prodigio solar de fátima

¿Qué pasó en el pequeño pueblo portugués de Fátima en 1917? Aparición mística, suspensión de las leyes naturales, alucinación colectiva o broma; el prodigio solar de Fátima hizo correr mucha tinta. Las encendidas luchas que tuvieron lugar en esa época entre los creyentes y sus detractores pueden parecernos exageradas. Pero un fenómeno vivido por 70.000 personas en el mismo momento no puede ser insignificante. En primer lugar recordaremos la breve historia de las apariciones. A continuación, reproduciremos los relatos de diferentes testigos oculares. Más que fundamentar nuestro análisis sobre cuestiones teológicas, preferimos estudiar estos fenómenos a la luz de los descubrimientos en fisiología cerebral del Doctor Francis Lefebure, médico e investigador francés. Gracias a la utilización sistemática de los fosfenos el Dr. Lefebure pudo aclarar algunas leyes sobre fisiología cerebral que permiten analizar y comprender los mecanismos que se pusieron en juego en el prodigio solar de Fátima. Los fosfenos son todas las sensaciones luminosas subjetivas, es decir las que no son producidas directamente por la luz que estimula la retina. Los fosfenos pueden ser producidos por cortas observaciones de fuentes luminosas (adecuadas). Presentan ritmos característicos que son muy importantes para nuestro estudio.

Preludio de un milagro (según François Giraud), milagro de Fátima

El 13 de mayo de 1917, en el valle de la Cova da Iria, no lejos del pueblo de Fátima en Portugal, tres niños, Lucía dos Santos (10 años), Francisco Marto (9 años), su primo, y Jacinta (7 años), la hermana de éste, fueron testigos de la aparición de la Señora, como la llamaron más tarde. Esta Señora se manifestó el 13 de cada mes hasta octubre del mismo año. El 13 de mayo de 1917 los tres niños pastores Lucía, Francisco y Jacinta, llevan a casa el rebaño de ovejas desde la montaña. La pequeña Jacinta dice a su madre que vio una aparición a medio día. Los padres incrédulos interrogan a los tres niños, Lucía y Francisco confirman los hechos: una señora muy bella se apareció en una encina en la Cova da Iria, lugar donde guardaban sus ovejas.
Fátima a la luz de los fosfenos
Les dijo que venía del cielo, y les pidió que rezaran en la iglesia todos los días. A continuación les rogó que volvieran de nuevo el 13 de cada mes durante los cinco meses siguientes y les prometió que el 13 de octubre les diría su nombre, y que ella les esperaría. El pequeño Francisco tuvo la misma visión que las dos muchachas pero no había oído nada de las palabras de la Señora. La madre de Lucía está convencida de que su hija y sus primos mienten y no se priva de reprimirlos duramente; durante los días siguientes, Lucía recibe unas cuantas bofetadas en un intento de hacerle reconocer su mentira, pero sin resultado.El 13 de julio, en vista de que los acontecimientos de la Cova da Iria fueron relatados y comentados por toda la región de Fátima, se congregaron allí varios millares de personas para asistir a las apariciones; al mediodía, después de rezar el rosario, los niños muestran un lugar en el cielo y dicen: ahí está. La multitud no distingue nada en la dirección indicada pero en cambio todos observan una pequeña nube blanca que flota sobre los niños y comprueban que la intensidad luminosa del sol disminuye. Unos diez minutos Lucía  gritó: !ahí!, los niños anuncian la salida de la Señora. Presionados por preguntas de todas partes dicen que ella les ha encomendado rezar el rosario cada día para conseguir el fin de la guerra y la paz en el mundo, además les confía un secreto y les dice que el 13 de octubre les dirá su nombre y hará un gran milagro para que todos crean. La familia de Lucía sigue incrédula y le hace continuos reproches.

El 13 de agosto son aproximadamente 18.000 personas las que vuelven a la Cova da Iria pero los niños están ausentes; en efecto, fueron alejados de Fátima después de ser detenidos y encarcelados por el administrador del pueblo de Ourem. Sin embargo, la multitud presente en Cova da Iria declara haber oído un trueno espantoso que sacudió el suelo, y haber visto un gran relámpago que tiñó el cielo. A continuación, todo se desarrolló como si los niños estuvieran presentes: la nubecilla estaba a la derecha donde habitualmente se encontraban los niños, y la intensidad luminosa del sol disminuyó durante unos diez minutos. Los tres niños fueron liberados el 16 de agosto después de ser sometidos a innumerables interrogatorios y presiones psicológicas para hacerles reconocer su mentira. El día 19 dijeron que habían vuelto a ver a la Señora cuando pastoreaban su rebaño en Valinhos, otro lugar próximo a Fátima. Tras su partida recogen los ramos sobre los que ella colocó sus pies y los llevan a casa. Dicen que la Señora les pidió que continuaran rezando el rosario todos los días, orar y hacer sacrificios por los pecadores y por las almas que van al infierno, ya que no hay nadie que se sacrifique y ruegue por ellas. Cuando los padres cogieron los ramos en sus manos se desprendió un perfume muy suave y desconocido y, de pronto, la incredulidad de la madre de Lucía se disipó.

El 13 de septiembre fueron aproximadamente 30.000 las personas que se reunieron en la Cova da Iiria. Al mediodía los tres niños anuncian la legada de la Señora y la multitud distingue claramente una bola luminosa cruzando el cielo; luego la nubecilla blanca se extiende sobre los niños al mismo tiempo que la luz del sol disminuye. Todos los participantes constatan otro fenómeno extraño: era pleno verano y sin embargo ven caer como grandes copos de nieve que se funden antes de llegar al suelo, otros dijeron que se asemejaba más bien a pétalos de flores… Durante esta aparición la Señora les había recomendado proseguir con el rezo del rosario para obtener el fin de la guerra y les habría prometido volver de nuevo el 13 de octubre.

El 13 de octubre hacía mal tiempo: lluvia, viento, frío; y a pesar de ello acudieron cerca de 70.000 personas a ver el gran milagro previsto para ese día. Al mediodía los niños anuncian la llegada de la Señora, se formó la nube habitual. Repentinamente Lucía grita a la multitud: ¡mirad el sol! y todos los peregrinos presentes, absolutamente todos, ven con claridad al sol danzando en el cielo, zigzagueando, da la impresión de ser un gusano de tierra. El fenómeno dura 10 minutos. Para su gran sorpresa todos se dan cuenta de que sus vestimentas empapadas están perfectamente secas al mediodía.

Estos son los hechos que se produjeron en Fátima entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. Estos acontecimientos fueron presenciados por decenas de miles de personas y son innegables, en cambio solamente los tres niños vieron a la Señora, sólo Lucía y Jacinta la oyeron y sólo a Lucía le habló. Algunas personas presentes escribieron los testimonios que a continuación se transcriben el día del prodigio solar. Su variedad permite hacerse una idea objetiva de los fenómenos que tuvieron lugar ese día.

Relato de la aparición en el milagro de Fátima, del 13 de octubre por el Padre J. Castelbranco

El 13 de octubre fue para Fátima un día decisivo. Fue el día en que la celestial señora prometió que vendría, que quería hacer un milagro para que todo el mundo creyera en sus apariciones. Estas predicciones se conocieron en todo el país. Y todos, creyentes o burlones, se congratulaban por esta audaz predicción que prometía un gran milagro para un día y un lugar determinados. Fue fácil comprobar la realidad de estas apariciones de Fátima; todo Portugal esperaba con curiosidad esta prueba concluyente del 13 de octubre.
A medida que crecía el entusiasmo de la multitud por los prodigios de Fátima se veía también a los librepensadores agitar cada vez más a la población. Un día tres policías a caballo se presentaron a los niños. Después de un interrogatorio impertinente se marcharon diciendo: tienen que decidirse a revelar su secreto al comisario, de lo contrario está decidido a matarlos -¡Qué alegría!, dijo la intrépida Jacinta ¡Amo tanto a Jesús y a la Santa Virgen, nos iremos más pronto con ellos!

Otros peregrinos difundían diversos rumores, como que iban a citar a los niños y sus familias ante el tribunal porque embaucaban al pueblo, y que iban a poner bombas cerca de la encina para hacerlo saltar todo, etc. Sacudidos por todas estas amenazas los padres de Jacinta pensaron en alejar a su hija de Fátima, pero los niños finalmente se negaron diciendo: si nos matan, no pasa nada, iremos más rápidamente al cielo.

El 11 de octubre, el Dr. Formigâo preguntó a Lucía: ¿no temes la cólera del pueblo, si el milagro anunciado para el 13 de octubre no se produce? – No, respondió cándidamente la niña, no tengo ningún temor al respecto.El día siguiente, el 12 de octubre, la madre de Lucía, muy inquieta por estos rumores de atentados invitó a su hija a confesarse con ella para estar preparada ante cualquier eventualidad en caso de que el milagro no se produjera. Si queréis confesaros, respondió tranquilamente la niña, iré voluntariamente con vosotros, pero no porque tenga ningún miedo. Estoy segura de que la Señora hará mañana todo aquello que ha prometido. Y ante la inocente seguridad de su hija la madre no habló más de confesión.La misma mañana del 13 de octubre, el gran diario liberal de Lisboa 0 Seculo publicaba bajo la firma de su redactor principal, Avelino de Almeida, un artículo irónico sobre las apariciones de Fátima, en la que veía superstición y superchería. Pero ninguna de estas maniobras de intimidación y de burla tuvo efecto sobre la multitud. En la víspera del 12 de octubre todas las carreteras, todos los caminos de Fátima estaban atestados de coches, bicicletas y de un inmenso peregrinaje de gentes que iban a pasar la noche al rasp en el lugar de las apariciones. Iban caminando y rezando el rosario y entonando cánticos. Se había realizado una movilización general de almas para escuchar el mensaje que el cielo traería a la tierra, y para asistir al milagro prometido que debía verificar este mensaje. Nadie sabía en qué consistiría este milagro pero todos deseaban verlo de cerca.

El sábado 13 de octubre comenzó con una decepción: por la mañana el tiempo era lluvioso, triste y frío. Se habría dicho que el cielo quería poner a prueba la fe y la devoción de los peregrinos y hacerles merecedores, por un duro sacrificio, del honor de asistir al milagro anunciado, pero el mal tiempo no detuvo de ninguna manera a la muchedumbre que fluía por todas partes, incluso de las ciudades fronterizas del país. Ni siquiera faltaban los representantes de los grandes diarios y sus fotógrafos, para registrar y publicar los hechos.

La lluvia persistente había transformado el lugar de las apariciones, una hondonada, en un extenso cenagal y los asistentes, peregrinos o curiosos, se empaparon hasta los huesos, tiesos de frío. Un poco antes del mediodía algunos observadores estimaron la multitud en 70.000 personas. Por fin Lucía grita a la gente: hay que cerrar los paraguas. La gente obedece y bajo una lluvia abundante se reza el rosario. Repentinamente Lucía tiene un ligero sobresalto y grita: ahí está el claro. Después, levantando la mano añade: aquí viene, aquí viene ¿la veis?…-Mira bien hija mía ten cuidado de no tropezar, le recomienda su madre, que arrodillada al lado de ella se muestra visiblemente impaciente sobre el desenlace de este drama, pero Lucía no la oye, está embargada por el éxtasis. Las personas piadosas habían tenido la delicada atención de adornar la encina con flores y cintas de seda. Accediendo al homenaje de su amor, la celestial señora coloca delicadamente sus pies sobre estos adornos. Mientras tanto la lluvia cesó y la multitud pudo observar una ligera nube blanca que como un humo de incienso se formaba alrededor de los pequeños videntes, se elevaba cinco o seis metros de altura y se disipaba en la atmosfera. Este fenómeno se repitió tres veces.

Lucía plantea entonces la pregunta que la Señora había prometido responder en este día: ¿Señora, quién sois y qué deseáis de mí? Entonces la señora respondió: soy vuestra Señora del Rosario. Quiero aquí una capilla en mi honor. Hay que rezar el rosario todos los días. Añadió que la guerra terminaría pronto y que los soldados no tardarían demasiado en volver a sus casas. Preocupada por todas las peticiones que la gente le había encargado, Lucía le preguntó: ¿tienes alguna cosa que decirles?…. La señora respondió que ella concedería algunas peticiones pero no todas, e inmediatamente reanudó el mensaje: es necesario que los hombres cambien de vida y que pidan perdón de sus pecados. Luego con un aire más triste y con voz de súplica: que no ofendan más a nuestro señor, a quien ya se ha ofendido demasiado. Al final de la aparición sobre la encina, la Señora abrió las manos y en un resplandor se proyectó hacia el sol. Instintivamente Lucía exclama: ¡oh! ¡mirad el sol! Nadie pensaba en el sol, que estuvo cubierto durante toda la mañana, pero a la exclamación de la niña todo el mundo levantó la cabeza para ver lo que pasaba. Fue entonces cuando esta multitud innumerable pudo contemplar estupefacta y sin distracción alguna durante diez minutos, un espectáculo grandioso y realmente único en el mundo. De repente se retiraron las nubes, dejando ver una gran superficie del cielo azul. Y en ese extenso espacio sin nubes el sol apareció en el cénit pero con un aspecto extraño. Ninguna nube lo velaba y sin embargo estaba brillante, no deslumbraba y se le podía mirar a voluntad. Todo el mundo contemplaba con estupor esta nueva variedad de eclipse.De repente el sol tembló, se agitó, realizó movimientos bruscos y finalmente se volvió vertiginosamente sobre sí mismo como una rueda de fuego lanzando en todas las direcciones, como un reactor gigantesco enormes haces de luces de todos colores, verdes, rojos, azules, violetas, etc., coloreando de la manera más fantástica las nubes, los árboles, las rocas, el suelo, la ropa y las caras de esta multitud inmensa que se extendía hasta perderse de vista. Al cabo de cLos niños de Fátima: Fosfenismo en estado purouatro minutos aproximadamente el sol se detuvo.

Un momento después reanudó por segunda vez su movimiento fantástico y su danza mágica de luces y colores, como el más grandioso fuego de artificios que se pueda soñar. De nuevo al cabo de algunos minutos el sol detuvo su danza extraordinaria como para dejar descansar a los espectadores. Después de una corta parada y por tercera vez, como para dar tiempo y controlar los acontecimientos, el sol reanudó de manera más variada y más coloreada que nunca un fantástico fuego de artificios. Y durante la inolvidable decena de minutos que duró este espectáculo único y sobrecogedor, la gran multitud que estaba allí pendiente, inmóvil, extática, con la respiración entrecortada, contempló este drama emocionante que se percibió claramente a más de 40 kilómetros a la redonda. Era el gran milagro prometido que se realizaba exactamente al día, a la hora y en el lugar anunciado, y que debía obligar a los hombres a creer en la realidad de las apariciones y obedecer al mensaje que la Señora les traía del cielo. La visión de este prodigio inaudito ya había dispuesto bien los corazones y había excitado en ellos los más nobles sentimientos religiosos, la fe más viva en el poder de Dios, la adoración sincera de su majestad infinita y la confianza absoluta en el celestial mensaje de Fátima, así magníficamente confirmada, pero todo ello no era, por decirlo así, más que la preparación a la renovación total de las almas.Fue la caída vertiginosa del sol el punto culminante del gran prodigio, el momento más conmovedor y lo más divinamente emocionante posible, lo que acabó de acercar completamente a Dios a todos estas almas por un acto sincero de contrición y de amor. En efecto, en medio de la danza espeluznante de fuego y colores, como una rueda gigantesca que a fuerza de girar se hubiera desmontado, el sol se mueve por el firmamento y cayendo desde lo alto, se precipita en zigzag sobre la multitud aterrada, irradiando un calor cada vez más intenso y dando a todos los asistentes la clara impresión del final del mundo predicho en el Evangelio, donde el sol y los astros se precipitarán en desorden sobre la tierra.

Entonces, de esta multitud aterrorizada se escapa de repente un grito espantoso, un clamor intenso traduciendo el terror religioso de las almas que se preparan para la muerte confesando su fe y pidiendo a Dios perdón por sus pecados ¡Creo en Dios, Padre todopoderoso! gritaban unos ¡Os saludo, María! exclamaban otros ¡Dios mío, misericordia! imploraba la mayoría. Y de un solo movimiento cayeron todos de rodillas sobre el suelo transformado en cenagal, los asistentes recitaban con una voz trabada por los sollozos el más sincero acto de contrición que nunca haya salido de sus corazones. Por último, deteniéndose de golpe en caída vertiginosa, el sol se remontó zigzagueando a su lugar tal y como descendió. La gente se sintió obviamente aliviada y cantaron juntos el Credo.¿Quién describirá la emoción de toda esta multitud? Un anciano, hasta entonces no creyente, agita los brazos al aire gritando ¡virgen santa, virgen bendita!… Y entre lágrimas, con los brazos extendidos hacia el cielo como un profeta y la emoción visible en todo su ser, grita con todas sus fuerzas ¡Virgen del Rosario, salvad a Portugal!…. Y por todos lados se desarrollaban escenas similares. Detalle conmovedor: mientras todo el mundo se empapaba hasta los huesos, cada uno tiene la suave sorpresa en ese momento de sentirse contento y encontrar su vestimenta absolutamente seca.

Testimonio de la prensa en el milagro de Fátima: O Seculo (el gran diario librepensador de Lisboa)

Señalamos que Avelino de Almeida, redactor principal de O Seculo, había publicado esa misma mañana en este diario un artículo irónico. Al mediodía fue testigo del prodigio solar en Cova da Iria, y por la noche, aún bajo la impresión de los acontecimientos rehízo de nuevo el artículo, citamos aquí algunos extractos. Este artículo publicado en O Seculo el lunes 15 de octubre impresionó a todo el país y le acarreó vivos reproches de los librepensadores que no le perdonaron el hecho de dar tanta publicidad y avalar los hechos de Fátima.
El milagro de Fátima en la prensa
… las nubes se abrieron y el sol, como una bola plateada … se puso a girar sobre sí mismo y a zigzaguear en círculo por el cielo dejándolo libre de nubes. Un gran grito se disgregó por todos los corazones y fueron millares de personas a quienes levantó la fe hasta el cielo cayendo de rodillas sobre el suelo embarrado. La luz solar pasó a ser de un azul extraño. Se podía decir que cruzaba las vidrieras de una inmensa catedral antes de extenderse en esa nave gigantesca modelada en forma gótica por todas esas manos que se levantaban hacia el cielo… Luego la luz azul se esfumó poco a poco como filtrada por vidrieras amarillas. Sombras amarillas caían ahora sobre las cofias blancas y los vestidos oscuros de las mujeres. Estas sombras aparecían incesantemente sobre los árboles, las piedras, y el suelo… Toda la multitud lloraba, toda la multitud rezaba, los hombres sombrero en mano ante la impresionante grandiosidad del esperado milagro. Estos momentos parecieron durar horas, tanta fue su intensidad…

Testimonio del académico Marcas da Cruz sobre el milagro de Fátima

En su libro La Virgen de Fátima, este famoso escritor informa de varios testimonios. Cita en primer lugar el de su propia hermana:13 de octubre de 1917, llegue a Fátima… Había llovido toda la mañana pero a pesar del mal tiempo había multitud de personas. Cerca de mí un sacerdote miraba su reloj diciendo: ¡pobres niños, se equivocaron! ¡la hora anunciada va a pasar y no hay milagro! Pero repentinamente la lluvia cesó y salió el sol proyectando sus rayos sobre la tierra. Parecía caer sobre la cabeza de toda esa multitud, giraba sobre sí mismo como una rueda de fuego artificial formando los colores del arcoíris… Nuestras caras, nuestros vestidos y hasta el propio suelo, todo se teñía de estos mismos colores maravillosos. Se oía a la gente gritar y se les veía llorar. Este espectáculo único duró alrededor de un cuarto de hora. Profundamente impresionada, exclamé ¡oh Dios mío, vuestro poder es grande!… y en el mismo momento, vi a San José con el Niño Jesús en sus brazos, en medio del sol; al terminar de girar tomó su color natural y se le podía mirar en todo momento como se mira la luna, sin el menor deslumbramiento … Y no fui la única en ver estos prodigios ¡toda la multitud los vio! ¡todo fue como los pequeños videntes lo habían anunciado!Marcas da Cruz cita este testimonio del brillante poeta Alfonso Lopes Vieira, que se encontraba en el balcón de su bonita casa en Sâo Pedro de Muel, a unos 45 Km de Fátima, el día de los hechos: En aquel día del 13 de octubre de 1917 no me acordaba de la predicción de los tres pequeños pastores, pero fui sorprendido y arrebatado por un espectáculo en el cielo realmente deslumbrante, para mí inédito, al cual asistí desde mi balcón. El famoso académico prosigue: esa multitud inmensa se encontraba toda empapada, ya que la lluvia no había cesado desde el alba. Pero aunque este hecho pueda parecer increíble, después del gran milagro todo el mundo se sentía contento y con la ropa completamente seca, lo que fue objeto del asombro general… Eso me fue confirmado por docenas y docenas de personas con la mayor sinceridad y de una honradez absoluta. Personas que conozco personalmente desde la infancia, y que aún viven [en 1937], así como por personas de distintas provincias del país que se encontraban presentes durante los acontecimientos.

Testimonio de los científicos sobre el milagro de Fátima

El Dr. Almeida Garrett, profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Coimbra, escribió:
…estaba a un poco más de cien metros… La lluvia caía a cantaros sobre nuestras cabezas, chorreaba a lo largo de nuestras vestimentas, las empapaba completamente. Algunos momentos antes de las dos de la tarde (hora oficial que realmente correspondía al mediodía solar), el radiante astro atravesó la gruesa cortina de nubes que lo tenía oculto. Todas las miradas se levantaron hacia él, como atraídas por un imán. También intenté mirarlo y lo vi semejante a un disco con los contornos nítidos, brillando pero no deslumbrando. La gente de mí alrededor lo comparaba con una moneda de plata mate, lo que no me pareció inexacto. Su aspecto era de una claridad diáfana y cambiante, recordando una perla de oriente. No se asemejaba en absoluto a la luna de una bonita noche, no tenía ni el colorido, ni los claro-oscuros… Hubiéramos dicho más bien una rueda lisa, o una concha con las valvas recortadas. Esto no era poesía, lo vi así con mis ojos. No se podía confundir tampoco con el sol percibido a través de la niebla. De la niebla no quedaba ni rastro, y por otra parte ese disco solar no estaba borroso ni velado de ninguna manera, sino que brillaba claramente en su centro y en su circunferencia. Este disco variado y resplandeciente parecía tener un vertiginoso movimiento. No era el centelleo de la luz viva de una estrella. Volvía sobre sí mismo con una rapidez inquietante.

Repentinamente, resuena en toda esta multitud un gran clamor, como un grito de angustia. El sol, manteniendo su velocidad de rotación, se precipita hacia la tierra, amenazando con aplastarnos bajo el peso de su inmensa masa de fuego. Fueron segundos de una emoción pavorosa. Todos estos fenómenos que acabo de citar y describir los observé yo mismo, fríamente, tranquilamente, sin ninguna confusión. Dejo a otros el cuidado de explicarlos y de interpretarlos.

El escritor Leopoldo Nunes señala que … por aquí, por allá, bajo los árboles, cerca de la carretera, o dentro de sus coches, se encontraban en Cova da Iria algunas de las más altas eminencias literarias, artísticas y científicas, la mayoría no creyentes, llevados allí por curiosidad, atraídos por la predicción de los tres pequeños videntes… Este testimonio fue confirmado por el académico Marcas da Cruz, que añade: muchos sabios que habían asistido a este espectáculo reconocieron honestamente lo vi, pero no lo sé explicar.

Esta revelación prueba, en efecto, que los acontecimientos de Fátima, y en particular el anuncio puntual del gran milagro del 13 de octubre al mediodía, tuvieron en todo el país tal repercusión que los propios científicos no pudieron resistir la curiosidad de ir a examinar los hechos en el lugar. Y los representantes de la ciencia dan prueba de haber visto y constatado la realidad incuestionable de los prodigios y reconocen abiertamente que los hechos de Fátima les superaron.

Recapitulación de los fenómenos descritos por los testigos en el milagro de Fátima

– Una nube, como una neblina blanca lechosa, se forma sobre los niños pastores cada vez que la Señora aparece.
– Un globo luminoso cruza el cielo.
– Bolas luminosas caen del cielo y desaparecen cuando tocan el suelo o cuando las personas presentes quieren cogerlas.
– El sol parece oscurecerse tomando un color nacarado de modo que se puede mirar sin que moleste.
– El sol tiembla.
– El sol se pone a girar sobre sí mismo proyectando rayos de colores en todas las direcciones.
– El sol presenta movimientos en zigzag.
– El sol parece caer del cielo sobre la multitud.
– Numerosos individuos presentes tienen variadas visiones cuando miran el sol.
– Las prendas de vestir de cada uno, aunque empapados por la lluvia, se secan repentinamente.

Explicación por los fosfenos del milagro de Fátima

Dos categorías de fosfenos nos interesan aquí principalmente: el posfosfeno o fosfeno consecutivo a la iluminación, cuyo interés es sobre todo pedagógico, y el cofosfeno o fosfeno que se produce durante la iluminación, que está más concretamente relacionado con nuestro estudio. El posfosfeno se obtiene mirando durante treinta segundos la lámpara fosfénica a una distancia de un metro y medio, aproximadamente. A continuación se permanece a oscuras cubriéndose los ojos con una venda ocular. Percibimos entonces distintos colores. La mayoría de las veces, después de algunos segundos de latencia, sobreviene el amarillo o el verde rodeado del rojo, que se modifica por bruscos saltos. A veces hasta hay eclipses totales de fosfeno que progresivamente se transforma. Por término medio el rojo aumenta de modo que el fosfeno es completamente rojo después de un minuto y medio. Al cabo de un tiempo similar este rojo se vuelve azul oscuro o negro. En esta fase percibimos en la mitad de los casos una nube blanca pálida en torno a este núcleo oscuro mucho más estable que este núcleo central, tres o cuatro veces más amplio y de bordes degradados, mientras que el límite del núcleo aparece cortado. Veremos que esta nube que llamamos resplandor difuso tiene una enorme importancia para nuestras experiencias. El núcleo, más oscuro que el resto del campo visual, que persiste después de la extinción de los vivos colores se llama fosfeno negativo. Después de algún entrenamiento en Fosfenismo, no aparece más en general, el resplandor difuso lo recubre desde su aparición.

Para el cofosfeno, en lugar de mirar la lámpara fosfénica durante treinta segundos la miramos durante tres minutos. Después de veinte segundos vemos aparecer un resplandor azul pálido, sobre todo en la periferia. Éste cubre a veces la lámpara fosfénica. Después de un minuto y medio aparecen pequeñas manchas rosadas que rápidamente se funden en un amarillo rosado que sustituye al resplandor azul. Luego, después de otro minuto y medio, le sucede a veces un poco de verde, luego un color gris que no es el color blanco natural de la lámpara, sino el color gris del resplandor difuso, ya visto con respecto al posfosfeno. Se ve inmediatamente la relación entre el cofosfeno y el posfosfeno, el principio y el final son similares, con idéntica duración de las distintas fases. La única diferencia es un determinado grado de simetría en la sucesión de colores en el núcleo bicolor, el azul al acabar el posfosfeno, entonces es cuando se encuentra al principio del cofosfeno.

Ritos religiosos y ritmos de los fosfenos

Al observar un fosfeno se puede tener la impresión de que presenta una agitación desordenada. Pero es posible distinguir varios ritmos muy regulares cuyas interferencias dan la impresión de desorden al principio. Si asociamos un pensamiento a la observación de un fosfenovemos que tiende a tomar los ritmos naturales de éste, aunque se tenga la impresión subjetiva de que es el fosfeno el que se adapta al ritmo del pensamiento. Comprenderemos por qué, como veremos más adelante, la oración con observación del sol fue el origen de todos los ritos religiosos. El ritmo del cofosfeno solar induce al de la oración, el conjunto genera en el cuerpo corrientes de energía que se exteriorizan mediante diferentes posturas corporales, bailes.

1) El temblor a la sexta parte de segundo, visible a vecescuando miramos el sol. El interés principal de este ritmo surge porque es susceptible de entrar en resonancia con las oscilaciones eléctricas de los músculos, que van al mismo ritmo. Genera entonces fenómenos interiores de una belleza fantástica.

2) La oscilación en zigzag del resplandor difuso: las experiencias descritas en Exploración cerebral por la oscilación de los fosfenos dobles ponen de manifiesto que esta última fase del fosfeno no procede de la retina, sino de la oscilación interhemisférica.

3) La alternancia de los fosfenos dobles permite el estudio, como ningún otro, de la influencia de los medicamentos, de los regímenes alimentarios y del ejercicio físico sobre el cerebro.

4) El balanceo a un ritmo de dos segundos puede ponerse en marcha en el momento de la práctica de balanceos de cabeza.

5) Las rotaciones.

Relaciones entre el fosfeno y el prodigio solar de Fátima. Milagro de Fátima

Los fosfenos tienen un comportamiento que les es propio: se eclipsan y luego reaparecen, pulsan dando la impresión de crecer y de estrecharse un instante más tarde. Sus bordes pueden temblar, pueden también girar y balancearse. Para reconocer el milagro de Fátima basta con comparar los ritmos característicos de los fosfenos y los fenómenos producidos por los testigos del prodigio solar. La multitud cree ver movimientos del sol porque lo confunden con su cofosfeno. El temblor del sol es el ritmo a la sexta parte de segundo del fosfeno. Su oscurecimiento es el fosfeno negativo que se presenta desde el principio en vez de al final debido a la intensidad de la luz. La caída en zigzag del sol puede corresponderse al hecho de que la multitud, confundiendo su cofosfeno con el sol, percibió los movimientos de un sol espiritual, sin entender el momento en que pasó de la percepción física a la percepción espiritual. El movimiento en zigzag es el ritmo de dos segundos del fosfeno. La caída y el ascenso del sol es la pulsación del fosfeno. Con dichas pulsaciones el diámetro del fosfeno varía, dando esa impresión de caída. Algunos testigos afirmaron que el sol se hizo más grande al caer. El remolino del sol está relacionado con las rotaciones del fosfeno que a veces parece girar. Estos distintos movimientos del fosfeno solar se desencadenan aún más fácilmente si, en vez de mirar el sol, se mira un poco al lado, y si en los momentos que preceden, se practican balanceos laterales de la mitad superior del cuerpo, mirando el sol al mismo tiempo. La tercera fase del fosfeno, el resplandor difuso, se presenta como una nube luminosa que produce visiones cuando se mira. Corresponde a la neblina, nube blanquecina observada por los testigos.
El milagro de Fátima y el Fosfenismo
El sentido de la expresión Nuestra sSñora del Rosario. Como la aparición que se manifestaba de mes en mes se negaba siempre a decir su nombre, el clero y la multitud se impacientaban, porque habrían querido hacerle decir a Lucía que era la Virgen, pero la valiente niña, fuerte por el poder de los ritmos que ella había descubierto en la soledad del pastoreo, se negó mientras duraron las apariciones, y solamente al final declaró que el espíritu se llamaba Nuestra Señora del Rosario. Ahora bien, esta expresión, al igual que todas las revelaciones del mundo espiritual, presenta una infinidad de sentidos, tal como un objeto entre dos espejos da una infinidad de imágenes. Éste nos parece que es el principal:Soy el poder del pensamiento rítmico (el rosario es una sarta, una larga serie) es decir, soy lo que en yoga llaman  repetición de los mantras.El secado de la ropa de la gente puede explicarse por una experiencia de nuestro colaborador el Sr. Raoul Delay, que prueba el poder calórico del fosfeno. Un número importante de sujetos emisores forman un gran fosfeno cuando miran simultáneamente una fuerte iluminación y luego, auna señal, miran juntos el plexo solar de un sujeto receptor.Este último, con los ojos vendados, declara experimentar un fuerte calor en esta región del cuerpo. El resultado es proporcional alnúmero de participantes. Si esta experiencia está realizada correctamente y se comprueba como exacta, se comprende por qué los fosfenos intensos de 70.000 personas deslumbradas por un sol de mediodía en Portugal provocaron el secado de las prendas de vestir y del suelo en condiciones inusuales.Si estos fenómenos son fácilmente reproducibles con una lámpara fosfénica, no fue una suspensión de las leyes naturales lo que puso el sol en movimiento, sino una reacción fisiológica que produce una energía particular vinculada a los ritmos cerebrales. Cuando una multitud mira el sol o una lámpara fosfénica, los ritmos de todos y cada uno de los congregados sufren una formidable amplificación, hasta el punto de que las personas que nunca experimentaron fenómenos psíquicos, llevadas por el grupo, tienen percepciones subjetivas cuya existencia ignoraban. Los ritmos se transmiten de una persona a otra, causando un arrebato comparable a las reacciones nucleares en cadena. Este es el ritmo-fosfenismo, es decir, el despertar por los fosfenos de ritmos cerebrales muy profundos constituye el primer aspecto de la iniciación: la transmisión de ritmos por el grupo.No obstante, hay que practicar con una lámpara fosfénica y sobre todo no hacer largas observaciones del sol.

Éstas al principio no deben exceder un segundo y deben ser poco frecuentes. Para practicar con el sol es importante conocer bien las técnicas fosfénicas y tomar algunas precauciones elementales: quitarse las gafas y las lentes de contacto, que hacen de lupa y queman la retina, y beber mucha agua para irrigar mejor los ojos. Todo es cuestión de dosificación, mirar el sol más allá de un segundo no aporta más energía, además se obtienen los mismos efectos con la lámpara fosfénica y eso permite evitar cualquier tipo de accidente. Este paréntesis tiene por objeto prevenir a los imprudentes. Para aquellos que son razonables, la práctica con el sol aporta muchísimo a nivel psíquico, mental e iniciático.Los que son causados por fenómenos fisiológicos, los prodigios solares, pueden reproducirse a voluntad, de manera individual o en grupo. La práctica de estas experiencias en grupos numerosos facilita la generación de los fenómenos.Hemos visto en otros lugares casos semejantes al de Fátima, aunque menos grandiosos. Un caso espontáneo de prodigio solar se produjo en Bélgica. Un niño en su jardín llama a su madre y le dice ¡oh, mamá, mira el sol! La madre ve entonces los movimientos de la danza del sol de Fátima, así como a algunas personas pidiendo socorro. Si embargo la madre nunca se propuso hablar de este prodigio solar. Pero personas un poco más alejadas no vieron nada. Aquí lo que se produjo es evidente: los niños son más sensibles a los fenómenos fosfénicos. Es en su caso donde el ritmo se desencadena en primer lugar.Es lo mismo que pasó en Tilly-sur-Seulles, en Saint-Paul-d’Espis, además de en Fátima. Las personas próximas perciben el movimiento por inducción telepática, pero en el caso de un grupo poco importante la emisión de energía es menos potente y no se extiende en la lejanía.La explicación fosfénica del prodigio solar de Fátima ya ampliamente difundida en Portugal es de un peso político considerable. Desempeña allí el papel de tapón entre extremistas que todavía corren el peligro de enfrentarse: los que pretenden que todo lo que se ocurrió de extraordinario en este lugar fue sólo una farsa, y los que no quieren abandonar la explicación de la suspensión de las leyes naturales por voluntad de por un poder divino. No ponemos en duda la veracidad de estos fenómenos hasta que podamos reproducirlos experimentalmente, y que los niños, en la naturaleza, pueden encontrar instintivamente el método que allí se produjo.

Es interesante anotar que en febrero de 1967, el Doctor LEFEBURE envió un informe con múltiples cartas certificadas al papa Pablo VI explicando detalladamente los mecanismos fisiológicos responsables del prodigio solar. Estas revelaciones, según el periódico La Cruz, portavoz del Vaticano, turbaron al papa, y después la Iglesia dejó de considerar los prodigios solares como milagros característicos del catolicismo.