Señores de la luz IV

Señores de la luz: la historia de la luz

Señores de la luz IV: del chamanismo al Fosfenismo

La importancia del orfismo en la espiritualidad griega es más que remarcable, el mismo Alejandro fue enviado por su madre Olimpia a Mecia para iniciarlo en los misterios. Los misterios órficos fueron iniciaciones creadas por el músico y poeta más famoso de la Antigüedad. Orfeo hijo del rey de Tracia, aunque también existía la leyenda de que lo era de Apolo, en apoyo de esta hipótesis estaría la filiación Apolo con la música, aunque quizás haya pasado desapercibido el hecho de que Orfeo cada mañana, ascendía al Pangeo para adorar al sol del que Apolo era el sempiterno portador de Este a Oeste en un eterno retorno mágico. Así coexistirían en Orfeo dos elementos iniciáticos fundamentales, el fosfeno es decir, la luz, y el ritmo, elemento que impulsa a la música en el tiempo. No es pues extraño que se comportara como un verdadero chamán, se comunica con los animales, sana, es un señor del ritmo,  transita por el infierno (para salvar a Eurídice, mordida por una serpiente…), su cabeza conservada y utilizada como oráculo (exactamente igual que en el siglo XIX se hacía todavía con los chamanes yukagires, M. Eliade Le Chamanisme et les techniques archaïques de l’extase); dice Eurípides de él: nos mostró las iniciaciones más sagradas, chamanismo puro, de luz y ritmo.

Incluso su muerte, según Esquilo, se produce por defender la luz, al apartando a Dioniso y proclamar a Helios, Apolo, como el dios primordial, cae en una trampa cuando espera, precisamente, la salida del sol, y la Ménades lo despedazan. El orfismo es anterior a Homero, es decir, a la religiosidad olímpica, por ello es una estructura de iniciación muy arcaica y es por ello que destila chamanismo de luz y en este caso, explícitamente también de ritmo.

Volvamos a la rueda esta vez de la mano del budismo que la tiene como símbolo igual que el hinduismo y el jainismo; el dharma chakra (rueda del darma) es la representación de la ley, y sus radios las fases de desarrollo del camino denominadas giros de la religión. De nuevo el feno del giro solar, la rueda de la iluminación, la rueda de la luz, como un eco neurológico en este caso para seguir un sendero hacia el nirvana, el cese del sufrimiento en el budismo.tantrismo

Chakra, en sánscrito «rueda»  se define por la tradición hindú como un torbellino de energía situado, dependiendo del chakra, en diversas partes del cuerpo. Descripciones similares están presentes en culturas o movimientos dispares en tiempo y en lugar, el sufismo, el tantrismo, la kábala etc.

En el caso de las imágenes del Buda se utilizan varios atributos que buscan representar su naturaleza superior y para el entrecejo (chakra ajna), se utiliza un círculo o una llama que evoca la iluminación. La relación de los fosfenos y el Fosfenismo con los chakras es directa, el hecho de que el fosfeno, la luz interior, se situé en el lugar del chakra ajna y gire con un ritmo propio (como una rueda), manifiesta claramente que chakra y fosfeno bailan juntos con la música del espíritu. Así relacionar la luz del fosfeno con el ajna del Buda y su iluminación es obvio. Aunque eso no es todo, el nimbo, es decir, la aureola irradiando en torno de la cabeza, que es otro de los atributos utilizados en las imágenes para resaltar la transcendencia del Buda (también para el Cristo) es una herencia de las antiguas representaciones de Ahura Mazda de los aqueménidas (persas) una vez más, el combate contra las sombras, el sufrimiento en el budismo, es una constante búsqueda de la iluminación por medio de la luz, como en el mazdeísmo, el fuego sacramental manifiesta el único dios creador, Ahura Mazda, visible en forma de sol.

La luz es fundamental en la figura de Buda y en todo el lamaísmo, en el budismo Mahãyãna el espíritu se identifica con la luz, herencia del Rigveda que la describe como creadora de todo el cosmos, concepto que a su vez toma de la tradición irania. Según diversas escuelas del lamaísmo el hombre aparece de la luz que dio origen a un huevo y éste al hombre, o bien, surge a partir de los hombres luz, o del vacío que irradiaba luz, es decir, el largo hilo de la luz, ergo de su observación, uniéndolo todo.

Sin duda me vas a interrogar curiosamente, lector atento, para saber qué se dijo a continuación, qué se hizo. Lo diría si pudiera: lo oirías si estuviera permitido escucharlo… Sin embargo, quizá sea un piadoso deseo lo que te tiene en suspenso, y por ello no haré que tu impaciencia dure mucho. Escucha, pues, pero créeme, pues te digo la verdad. He rozado los confines de la muerte; después de pisar el umbral de Proserpina, he retornado conducido a través de los elementos. En medio de la noche he visto brillar el sol; he podido contemplar cara a cara a los dioses infernales y a los dioses celestes, y los he adorado desde muy cerca (Apuleyo).

En los misterios de Osiris, en un viaje típicamente chamánico en el que se describe el descenso a los infiernos, destaca la frase en medio de la noche he visto brillar el sol, podría pensarse que es el tránsito de Osiris por el inframundo pero parece, es, la descripción clara de un fosfeno, la luz que vive cuando la luz física que lo engendró ya no existe, la luz que se manifiesta en la oscuridad, iluminando nuestros interior; y resulta todavía más claro cuando a la mañana siguiente el neófito  aparece vestido con doce prendas que simbolizan las estaciones zodiacales: de este modo, vestido a imagen del sol (Apuleyo)…

No es casual pues que en un texto egipcio se hable que: Ra que va a reposar en Osiris, y Osiris que va a reposar en Ra, es decir, en la oscuridad tras la luz hay luz, cuando la luz de la vida muere, renace la luz del espíritu, cuando el faraón culminaba su proceso de osirianización resucitaba como Ra naciendo a la vida del espíritu, cuando la luz física cesa y se mira hacia dentro aparece el fosfeno en plena oscuridad. Es por ello que se puede leer de Ra: se oculta en el otro mundo (Piankoff, Ramses VI).

Cuando Sirio asimilado a Osiris, renace alrededor del solsticio de verano es cuando se produce la crecida del Nilo en el antiguo Egipto y es entonces cuando se manifiesta la prosperidad, el ciclo de la vida pues recreado en el eterno retorno encuentra su homólogo en el viaje del espíritu. Con Osiris, Isis y Horus, se introduce la trinidad y la lucha entre el bien y el mal pues Osiris muere a manos de su hermano Seth que lo arroja al Nilo, para que gracias al amor de Isis pueda resucitar (embalsamado) y así triunfar el bien sobre el mal naciendo Horus. Recreación constante del ciclo de la vida, el mensaje para el alma es la salvación, el renacer, la vuelta a la vida en el otro lado, al igual que sirio renace con la apoteosis del sol. Un constante trasiego de ida y de vuelta en círculo, la rueda de la vida. El dios de la resurrección vence a la oscuridad gracias a la luz. Más tarde en otra vuelta de la rueda de la vida, sirio renacerá en el solsticio de invierno (precesión de los equinoccios) y vera nacer a otro dios que como Horus, se representará en el regazo de su madre…

Los hombres nacen de las lagrimas de Ra, el sol. En el 2000 a.C. podemos leer: los hombres, rebaño de Dios, han sido provistos de todo. Él es decir el dios sol, hizo el cielo y la tierra para ellos… Hizo el aire para vivificar su nariz, pues ellos son sus imágenes, nacidos de sus carnes…

Son escenas familiares que nacen todas del sol, el que se ve con los ojos y el que se ve con el alma, el fosfeno. Horus el halcón, en un ojo la luna y en el otro el sol.

Tan familiares que el mismo Moisés, por cierto, con un rescate milagroso idéntico al de Teseo, Perseo, Rómulo etc. debió conocer la reforma de Akenatón, así Atón y Yahvé son el origen de todo. A propósito de Moisés y de su liderazgo en la salida de parte su pueblo, entiendo que es apasionante su coincidencia con la fiesta de la pascua, es decir, con la fiesta de los pastores nómadas por primavera, de modo que debido a la trascendencia del acontecimiento pasó a formar parte de la oficialidad  sagrada del pueblo israelita. Una vez más los ritmos de la luz son fotocopiados y mostrados como originales de una estructura religiosa sagrada.

Ese sol que vence día a día a las tinieblas representadas por la serpiente Apofis, siempre la luz disipando el caos, serpiente Pitón, pitonisa, la serpiente vencida por el lleguzki-lore, la serpiente enrollada en el interior de un huevo esperando a erguirse hacia la luz, esa que guía y limpia.

El rastro de cultura solar egipcia es claro pero se difumina con el paso del tiempo para renacer con el descubrimiento y la traducción del Corpus Hermeticum en 1963, con Dyehuty, Tot, es decir, Hermes, para luego ser enterrado con la delicadeza habitual del cristianismo con Giordano Bruno.

Aqueménidas que en su caída en el 330 a.C. dejan paso a la época helenística que tiñe con su fuerza toda la religión irania incluso tras la reconquista de parte del territorio por parte de los Arsácidas, es en esa mezcla de múltiples influencias donde el culto a Mitra florece propagándose por el mediterráneo los misterios de Mitra y con él de forma inseparable el culto al fuego que como hemos visto lleva implícita su observación y ella la creación de fosfenos. Mitra es un dios solar (Apolo, Helios) que lucha contra el espíritu del mal y ejerce de salvador. Hasta tal punto las constantes de los ciclos de la luz se repiten, que Ciro fundador del Imperio de los Aqueménidas deviene el hijo de Mitra pues du padre adoptivo se llama don de Mitra.

El eje mitológico central lo constituye el rato del toro por parte de Mitra obedeciendo al sol. Mitra obedece aunque parece que no de muy buen grado (aparece con la cabeza vuelta), del toro nace la vid, las plantas, el trigo, los animales etc. todo ello acontece en una caverna con la luna y el sol como testigos. Es un mito de origen por el sacrificio y del mismo el hombre llegará a la inmortalidad, sacrificando al final de los tiempos de un buey Hathayos. Son testigos Cautes y Cautopates que observan la escena con antorchas encendidas, como evocación de un posible concepto, otra vez, trinitario. Finalmente Mitra y el sol celebran el acontecimiento con un banquete para luego ascender al cielo.Los sacerdotes de Mitra daban gracias al sol por la mañana, al mediodía y por la noche en dirección a oriente exclamando: sol invictus. Quiero aquí recordar: si lo adoras lo miras, y si lo miras, haces fosfenos.ra

Los misterios de Mitra fueron tan populares en todo el imperio romano que todavía resuena la célebre frase de Ernest Renan: si el cristianismo hubiera sido detenido en su crecimiento por una enfermedad mortal, el mundo hubiera sido mitraísta.

El hecho de que se celebrara un banquete en que se trataba sacramentalmente el pan, que se realizara un bautismo de iniciación en el que se realizaba una signatio en el medio de la frente, que el dios naciera el 25 de diciembre, el juicio final, la vida eterna, etc. eran elementos que obviamente no gustaban al cristianismo que demonizo los misterios mitraícos, pero otra vez, una más, los rastros de la luz de Mitra, del sol y por ende de su observación, se verán asimilados de forma disimulada e irán apareciendo a lo largo de la historia, de hecho el galileo afirmó:

Yo soy la luz. Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no marchará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8, 12). Yo he venido como una luz en el mundo (Juan 12, 46). Mientras estoy en el mundo yo soy la luz del mundo (Juan 9, 5). San Juan empieza el Evangelio identificando al Jesús histórico con la luz hecha carne. En ella estaba la vida (Juan 1, 4).

Son menciones a la luz que podría parecer simples alegorías pero que son el reflejo, el rastro, de la historia de la observación fija de la luz, en consecuencia del fosfeno, que el cristianismo se ha afanado en ocultar de forma meticulosa ya desde sus orígenes a pesar que la lucha entre la luz y las tinieblas, herencia de las ideas iranias más profundas, se encuentra en el Antiguo Testamento y aparece en el cristianismo más primitivo al igual que en los esenios, cuyos textos de Qumrán incorporan las mismas expresiones luz de la vida, hijos de la luz, el que actúa en la verdad viene de la luz etc.

El cristianismo debió luchar con la religiosidad oficial, por ejemplo, el emperador Cómmodo (185-192) fue iniciado en los misterios de Isis y Mitra, Caracalla (211-217) fomentó el culto al sol invictus al igual que Aureliano (270-275), además de con las corrientes internas que transmitían las enseñanzas esotéricas con evangelios que se dieron en denominar como apócrifos a los que apelaban los gnósticos. Aureliano fijo el nacimiento del deus sol invictus el 25 de diciembre fecha clave para todas las religiones solares buscando en el monoteísmo solar un proceso unificador, proceso que culminó Constantino (306-337) aunque con la sutileza, que haría decantar la balanza a favor del cristianismo en detrimento del paganismo, de considerar al sol como un subordinado de Dios en vez de la concepción habitual que lo asimilaba con el máximo exponente de la divinidad. Fue en la batalla del puente Milvio cuando:

A mitad de la jornada, el sol comenzó a declinar y vio con sus propios ojos – el mismo Constantino lo ha afirmado – el signo de la cruz resplandeciente en medio del cielo aún más que el sol y con estás palabras: por ella vencerás. Ante esta visión se sintieron sobrecogidos de sorpresa él y todos los soldados que le acompañaban… Constantino se preguntaba qué podría significar esta visión, cuando a la noche siguiente se le apareció Cristo Dios durante el sueño con este mismo signo que le había sido mostrado en el cielo y le ordenó confeccionar emblemas militares conforme al modelo de este signo visto en el cielo para usarlos en el combate como arma de la victoria (Vita Constantini I. Eusebio, Obispo de Cesarea).

Es fundamental, más la discusión de si el símbolo es pagano o cristiano, el hecho de que la visión se produce en el cielo con el sol declinado es obvio que se miraba el sol o su luz reflejada en el cielo luminoso. Es posible que el punto de inflexión del despegue histórico del cristianismo fuera una visión provocada por un eco neurológico: un fosfeno, lo que sí es claro que el fosfeno ha estado estrechamente ligado con su desarrollo.Qumrán del chamanismo al Fosfenismo

Las joyas de la iglesia como el prodigio solar de Fátima que se produjo ante 70.000 personas, donde tres niños vaticinaron con seis meses de antelación un milagro que al tardar en producirse y ante la impaciencia de la muchedumbre aconteció tras salir el sol a las doce y cinco, y solo después de ordenar la mayor de los niños a la multitud: mirad el sol, tras lo cual todos vieron que el sol se oscurecía, se ponía a temblar, después se balanceaba en el cielo, a continuación giraba sobre sí mismo, con los rayos dando vueltas como los radios de una rueda (evocación extremadamente familiar), y finalmente el sol pareció caer sobre la gente y volver a subir. Los fenómenos de Saint-Paul-d’Espis (Tarn y Garona, Francia), donde en 1947, se produjeron cuatro prodigios solares idénticos a los de Fátima ante centenares de personas. Todas éstas y otras joyas no son más que fenómenos fosfénicos reproducibles que marcan el cristianismo con la herencia de la luz del sol, verdadero balón de oxígeno que no se puede hundir en el mar de la liturgia pues siempre aparece de nuevo en la superficie, aunque en ocasiones sea tan poco evidente a los ojos de los no iniciados como la imagen de unos fieles rezando a su dios, postrados con la luz de intermediaria manifestada en las velas colocadas entre los dos, frente a las que rezan, ignoradas por su conciencia pero perseguidas por su espíritu.

El cristianismo pasó de perseguido a perseguidor y la fiesta pública del sol pasó a ser algo escondido por la dureza de la estructura rígida de una religión de estado que necesito de las amenazas de Constantino, para pactar la naturaleza divina de Cristo.

Los godos de Alarico seguidos por los hombres de negro, monjes cristianos, destruirán el Eleusis y el mundo cambiará…

La luz no es un cuadro que colgamos en un lugar de paso de nuestra casa, para acabar ignorándola, la luz es el cuadro.

 

 

 

Francesc Celma i Girón

Director de Fosfenismo España e Iberoamérica

Escuela del Dr. Lefebure

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