Animal de poder

Pilar: testimonio chamanismo, animal de poder…

Testimonio del curso de chamanismo de Matarraña 2014, animal de poder, árbol de poder, piedra…

Pilar

Durante todo el año había leído algo más sobre Fosfenismo y había utilizado la lámpara fosfénica para estudiar y para llevar a cabo mi proyecto de investigación. Sin duda ha contribuido a que todo haya fluido. Era como si dejando estar las cosas y diciéndome a mi misma que todo llegaría cuando tuviese que hacerlo, las ideas fluían sin parar. Y confiando. Ha sido un año lleno de felicidad en mi vida. Las relaciones con las personas que encuentras y tienes en tu vida, no hacían más que mejorar en calidad, pero sobre todo me siento en mí misma y tengo paz. Matarraña 2013 hizo sus efectos… el pasado año fue toda una experiencia de algo que nunca había experimentado, y este año de nuevo, decidí ir y vivirlo. Quizás me pasarían cosas como las que vi allí, o quizás no, pero los efectos serían buenos.

Apenas tuve momentos para centrarme en ello, en el pre-Matarraña, en las sesiones que Francesc emitía y en la información que iba llegando. Sin embargo esto no me producía inquietud, sabía que todo fluiría bien. Lo que la vida te pone es para ti, y lo que no se lo lleva.

Fui a ver a mi amiga Genma, que me puso en situación. Este año trabajaríamos la conciencia del ser a través del pensamiento rítmico, el balanceo circular, el osteofeno, la letanía. Se trataba de encarnar el espíritu, y esto se hace en los huesos. Y algo resonó en mi… de los huesos se trata, pensé. Y mis huesos me dicen muchas cosas últimamente. Genma me informó de en qué casa estaría, con quien, quién la coordinaba, su teléfono… llamé para informarme y una mujer estupenda me atendió, y luego me llamó mi coordinador de casa, lo cual agradecí enormemente. Alguien que se ocupaba. Que fortuna. También el material necesario y los grupos de trabajo. Me llamó la atención como cada uno estaba relacionado con un “feno”, y aprendí que había varios fenos… fascinante. Y también que en cada grupo había más gente que repetía, que gente que era nueva. Buena señal. Todas lo son.

El viaje fue bueno, una buena amiga y yo compartiendo la vida y el camino… nada es por casualidad. Y le agradezco profundamente haberme puesto en este camino. Al llegar allí encuentros, primero ubicarte en el alojamiento y luego ir a la plaza de la Fresneda donde encuentras a personas queridas que te ayudaron y con las que compartiste extraordinarias experiencias, y te sientes feliz.

Y empieza la aventura. La presentación fue comprensión de dónde estaba de nuevo. Y escucharlo de Francesc es toda una experiencia. Ves la calma y el saber unidos, la comprensión y el sentir de lo que sucede. Y que todo está bien. Se trataba del ser, nada menos. Y de los huesos, de lo que permanece cuando lo músculo esquelético y nervioso desaparece… y el hueso permanece y contiene toda la información. Y por un instante tomas conciencia de la dimensión de la cosa… no tengo palabras. Solo lo siento.

Animal de poder en el curso de chamanismo

Subimos a la ermita de Santa Bárbara, donde empezamos a trabajar con ritmo a sexta parte y el fosfeno de luz natural. En mi grupo hay gente con muchas experiencias ya, y yo observo y siento. Y me veo meditando mucho mejor. Entro. Esa tarde no llego a estar de pasivo. Lo que observo me deja estupefacta. La puesta de sol fue espectacular. Una gran bola de fuego que iba bajando y era más y más bella según iba aproximándose al horizonte. Se me abrió la boca de estupefacción. Nunca había observado así el sol, era como una bella foto hecha realidad, y di las gracias por estar allí y observar tanta belleza. El sol sin él que no habría vida. Seguimos trabajando, y regresamos ya de noche. La observación de las estrellas me dejó hipnotizada. ¡Es tanta la belleza! Y la inmensidad.

Descansé muy bien. Al día siguiente El Masmut. Llegar allí y recordar lo vivido. Y lo coja que estaba el año pasado y la diferencia con este año. La felicidad y la alegría payasa me acompañan. Recorrí aquel camino llena de energía y con una sonrisa permanente. Y encontré al bello ser humano que me ayudó en el camino el año anterior, y que de nuevo me volvió a tender su brazo. Le llevo en mi corazón. Conversaciones, paisaje y silencios bellos que hacen que los momentos sean mágicos. Y escuchar, y contar.

Llegados allí comenzamos a trabajar. Balanceos laterales, arriba y abajo y mis compañeros y compañeras cuando estaban de pasivos viviendo experiencias de vibración. Y yo entraba bien en meditación, pero no sentí ninguna vibración de pasiva. Me hacía vibrar sólo el hecho de estar allí, pero en forma de sonrisa y bienestar profundo a raudales. Pero me empezó a causar extrañeza el no sentir nada de pasiva. Pensé que al ser el segundo año algo sucedería en ese sentido…

A la vuelta cambié de coche y descubrí a tres seres de luz con los que la comunicación era muy fluida y la conexión completa. ¡Que afortunada soy! volví a sentir de nuevo. Y en la hora de la comida compartir momentos, experiencias de la mañana y de la vida, y sentir feliz que poder comunicarse y bien comunicarse con otros es uno de los mayores tesoros de la vida. Y bromear, y divertirse y soltar amarras. Con los que conoces, y con  los que no.

Por la tarde a la Coveta del Agua, aquel lugar en el que entraríamos al vientre de la madre tierra, la madre más bella, la que nos da la vida. Sin embargo es oscuridad. Y es calma, paz y silencio también. Y la que nos ofrece el azul del cielo y el azul del mar. Una vez arriba te abrigas y bajas. Trabajaríamos con el OM y el balanceo circular. Entro muy bien en meditación, y cuando me toca de pasivo no siento nada, pero en mi mente veo en un lugar muy querido por mi, el desierto y las Playas del cabo de gata en Almería, un montón de bolitas de color ámbar que llenan el espacio. Y quiero estar allí. Y una vez más al ver escuchar y sentir las experiencias de mis compañer@s me pregunto cómo en mi no se producen esas vibraciones y experiencias. Al salir ya sentía mucho frio y agradecí el calor del sol y la luz. Y me encontré con quien me contó sus miedos quien me contó su experiencia y cómo a partir de la Coveta había conectado con su ser, y también necesité mi momento de  conmigo misma y subí un poco más arriba a un mirador desde el que sentí la luz del sol y contemplé un bello paisaje que me devolvió amor. Y me sentí muy afortunada. Además podía subir y bajar. Sin embargo al bajar ese bello hombre me volvió a ofrecer su ayuda y le dije que si la necesitaba se la pediría, y bajando me di cuenta de que con ayuda es mejor, y le esperé, y dejé que me ayudase. Que fortuna la mía. Escuchar y dejar que te ayuden. Qué aprendizaje. Qué importante. ¡Pues si que han pasado cosas! Mi ser vibra por dentro, mi corazón vibra. Desde la madre tierra que conecta conmigo, hasta yo conectar profundamente con otros para aprender lo que uno tiene que aprender. Y la vida  va y te lo pone en el camino. Confiar, y saber que lo que llega es para uno, y lo que se va no es para uno. Y por el camino grandes descubrimientos. Escuché a Mara al bajar, y la entendí, y supe que ella también me podía ayudar. Por eso estaba en mi camino.

Y llegamos al alojamiento, y cena rápida. Nos íbamos a la Ermita de San Pedro. Aquel lugar en el que vibrar para que la energía kundalini subiese. Por lo que escuché, había que intentar dar coherencia a esa energía para tratar de entrar en coherencia con ella, y elevar el grado de conciencia. Me estuve debatiendo conmigo misma por la tarde, entre el ir y el no ir. Para mi fue una experiencia muy intensa el año anterior, y vi cosas que no podía ni imaginar. Sin embargo, me digo a mi misma que aunque yo no lo perciba, existe mucho más de lo que se ve. Y traigo aquí las palabras de mi admirado E. Punset “un noventa y cinco por ciento de la realidad es invisible…” le dice el Físico y Cosmólogo Kolb en una entrevista. Y yo confío.  Y deseo conocer y aprender lo que me sea posible más allá de la percepción establecida. Parece que me cuesta un poco. Pero le pongo voluntad, que no me falta. Bendita voluntad.

Finalmente voy. Y me observo más consciente de lo que sucede y de cómo Francesc observa y da a cada uno la responsabilidad que le corresponde.  Pero llega un momento que tengo que salir. Necesito ver las estrellas. Y me saca de allí el alto volumen con el que suena el Ki. Y reconozco una de las capas-corazas de mi ser: el alto volumen que desde los gritos escuchados en esta vida, y quizás en otras, no quiero volver a escuchar y los saco de mi vida. Y viendo las estrellas soy feliz y consciente de la inmensidad del universo del que formo parte. Como un todo. Todo está en mi y yo estoy en todo. ¿No es fascinante? Un momento de plena conciencia. Ahora cuando veo a otros, se que yo estoy en ellos, yo, y cada uno de los millones de seres humanos que habitamos este planeta. Pues me digo: no habré vibrado con la energía kundalini pero ¡jope, que cosas están viniendo a mi neocortex! Desde el cerebro más antiguo, el reptil, el emocional, ya van subiendo. ¡Qué subidón!

Y los compañer@s terminan y vamos de camino al alojamiento. Y en el camino volviendo en el coche de Rubén un zorrillo sale a la carretera. Él conducía rápido y al esquivarlo pudo producirse un accidente. Y sale de mí el miedo, el recuerdo de aquel camión que irremediablemente chocó de frente contra mi coche. Y yo salí viva. Todo mi cuerpo tembló y se aterrorizó. Se hizo el silencio. No podía parar de pedirle por favor que no corriese, que no merecía la pena lo que podía pasar en un segundo, que quiero vivir. Y las lágrimas brotaron a chorros, un dolor profundo, ante la inconsciencia del otro, y desde el saber que no es por casualidad que aquello pasase en ese momento. Algo tendría que salir, y yo, que verlo. Me observé a mi misma desde fuera, y vi a una mujer que quería estar viva. Al llegar al alojamiento seguí sacando dolor en forma de lágrimas, hasta que me quedé dormida.

Y llegó el día siguiente, para ir a la mágica cueva de la Magdalena. Volví a viajar en el coche de Rubén. De nuevo me pidió disculpas, y le dije desde el amor que estuviese tranquilo, que había hecho lo que podía. En Valderrobles cambié al coche de Fernando, Nathalie y Odile. Volvió la alegría. Que tres grandes seres, ¡qué conexión! Y al llegar a la Magdalena, de nuevo la ayuda para subir ¡Que afortunada soy! Aquel lugar es mágico y me trajo de nuevo lágrimas. No sé que es lo que se produce allí, pero salió de nuevo dolor, uno muy profundo, que me aparta de los demás y me lleva al aislamiento, a estar conmigo y permitirme sacarlo. Y sé que es necesario y que por eso sucede. En uno de los impases entre pasivos salí de la cueva a llorar. Todos mis compañer@s vibraron, y vivieron cosas que traían a su consciente. A mi me tocó en la rueda final. Sentí que con el mantra Ra Si Fu – Fu Si Ra (de el que no sabía el significado) era acunada como una bebé y las lágrimas no dejaban de brotar de mis ojos. Escuchaba a mis compañer@s vibrar, chillar, vivir cosas, y yo impasible llorando. Al acabar me pregunté qué pasaba conmigo, que era completamente consciente de mi imposibilidad-impasividad para vibrar como ellos. Ni la piedra de poder. Ni el animal de poder… ¿qué pasa conmigo? Tras reponerme recogí mis cosas y de nuevo el bello hombre me esperaba para bajar. Me sentí muy bien, querida, acogida y esperada. Como si le conociese de siempre, y confiase en él, y yo también le esperase. No había duda ni resistencia.Animal de poder en el curso de naturofosfenología

Fuimos a comer de nuevo al bello lugar del día anterior, con la iglesia, el césped, los chorros de agua. Me sentía feliz. Y muy bien acompañada. Surgieron muchas y bellas conversaciones y encuentros. A la tarde fuimos al Salt. ¡¡¡¡Y esta vez podría bajar!!!! Mi pierna ya me lo permitía, y me di cuenta de mi gran evolución. De que había crecido mucho. Sin embargo, allí estaba el hombre que me ayudaba y me sentí muy afortunada de nuevo. Me esperaba para ayudarme. Necesito ayuda. Eso también lo he aprendido. No sólo dar, también recibir, y me voy dejando. La payasa que hay en mi se ríe de mi, y me ayuda. Qué grande. Me dice que nunca pasa nada, y ríe, y vive, y sueña.

En el Salt empecé de una forma desagradable. Una mujer en mi grupo, desde su ego, me dijo, juzgándome, que yo no había atendido-escuchado a otro compañero, y que ella tenía que soltar eso para quedarse a gusto. Y yo la contesté. Era su opinión, y en ningún momento fue esa mi intención. Ella no me preguntó o empatizó conmigo, sólo me juzgo. Aquello me resonó, era algo que había sido una constante en mi vida. Intentar hacerme sentir culpable por, según el otro, no  acceder a los deseos de los demás que tanto me había hecho sufrir. Pero esta vez no me dejé. Esta vez ya sabía qué era eso, y le devolví su responsabilidad. Con amor. Le costó, pero al final le agradecí y le pedí disculpas. Si algo de mi resonaba en ella, era algo de ella, de su interpretación de lo que veía en mi. ¡Qué gran aprendizaje! Y a la vez me pregunté qué había de mí en todo eso, porque no por casualidad eso estaba ahí. El anochecer fue mágico. No sentí mi árbol de poder, ni el agua. Ni la piedra de poder. Ni el animal de poder… ¿qué pasa conmigo?

Por la noche me fui a ver las estrellas a la Ermita de Santa Bárbara. Bellas cosas de mi corazón sucedieron allí, mirando la inmensidad del firmamento y compartiéndolas con bellos seres. ¿Qué pasa con las estrellas?

Ya el lunes por la mañana, el encuentro en la plaza de La Fresneda. Encuentros y despedidas. Subimos a la Ermita de Santa Bárbara a hacer convergencia ocular, meditación y contracciones estáticas. Por primera vez, sentí que algo en mi se desdoblaba. Desde las contracciones estáticas, desde lo muscular que conozco tan bien. A mi mente le resulta fácil viajar por el espacio, y poner allí a la persona de la emoción más fuerte, a la persona de intelecto más admirado, y a la persona que ya no está, y viajar por el espacio, el sol, ver a la madre tierra con toda su belleza desde allí arriba, y amarla por lo que me da. Y querer volver a mi tierra, habiendo dejado atrás el deseado gran viaje y las emociones atrapadas en mi ser, mi osteofeno, dejándolas ir. Dándoles las gracias y diciéndolas que las amo por lo que me han enseñado, por ser mis maestras, pero que he de vivir mi vida porque sólo desde ahí podré ofrecer mi amor y mi ser a otros, y eso será lo grande. Y sé que me han entendido, y las he liberado, y que cada uno nos hemos responsabilizado de nosotros mismos. Es lo más grande que he experimentado en mi vida. Y lo que me hace más plena. Y poder ayudar a  otros a que lo sientan así para que crezcan y podernos encontrar para crecer juntos. Desde la vivida y feliz soledad y desde el compartir, sin el que un ser no puede existir. Tengo la plena conciencia de eso, y me hace muy feliz. Sé que lo que llegue a mi vida ahora será para mi y lo agarraré fuerte, y lo abrazaré con cariño y amor para que sepa que lo amo, y por eso, ha de existir y ser tal y como es.

 Piedra de poder, animal de poder, árbol protector…