Curso chamánico en la naturaleza: Joan Calaf

Curso chamánico en la naturaleza: Fosfenismo

Curso chamánico en la naturaleza: experiencia de Joan Calaf

Soy Joan y quiero explicar mi experiencia en el curso chamánico en la naturaleza de Fosfenismo. Soy descubridor e investigador de varias pinturas rupestres en Teruel que ya están declaradas como patrimonio de la humanidad, fueron pintadas hace más de 7.000 años de antigüedad y son de un carácter excepcional ya que muestran a varias figuras humanas portando boomerans en las manos y en un estado de conservación que a los arqueólogos califican como un milagro. Siempre he contado en los medios que realmente no descubrí las pinturas, sino que ellas me descubrieron a mí… me llamaron. Realmente fue así, cada pintura que he encontrado ha sido de la misma forma, simplemente fui directo a la roca y allí estaban; esperándome, simplemente sabía que estaban allí, He de admitir que tengo una especial conexión y atracción con el mundo natural y los ancestros o chamanes de la prehistoria. Explico esto porque tiene relación con el testimonio de una inolvidable experiencia vivida este año con el grupo de Fosfenismo del curso chamánico en la naturaleza dirigido por Francesc Celma.

Realmente mi relación con el curso chamánico en la naturaleza consistía básicamente en mostrar y dar una charla guiada complementaria en unos especiales parajes que conozco, en donde se han hallado multitud de refugios con pinturas y gravados rupestres en su interior. Se trata de entorno cargado de una especial energía, quizás creada y dejada por el trabajo de nuestros ancestros. Hay evidencias de que estos lugares eran utilizados por chamanes en la prehistoria donde hacían ritos y de alguna forma, conectaban con otras realidades, seres o energías tal como dejaron plasmado en las paredes de las cuevas en forma de dibujos y pictogramas. Conocí a Francesc tiempo atrás, una persona con una enorme trayectoria espiritual, cuya personalidad emana serenidad, amistad y sabiduría, cualidades que me atrajeron creándome una especial relación y conexión que nos llevó a visitar anteriormente varios lugares con capacidad de albergar el  curso chamánico en la naturaleza, tras mostrar a Francesc varios enclaves se decidió por el paraje denominado Estrechos del río Martín, un estrecho cañón horadado y esculpido por las agua del río que discurre en el fondo, dejando a cada lado unos acantilados y abruptas paredes en cuyas bases se encuentran varios abrigos rupestres. Finalmente fue ese lugar el que escogió para la segunda parte del curso chamánico en la naturaleza.

Así que mi tarea consistía en ir con el grupo del curso chamánico en la naturaleza y hacer un poco de visita guiada de los abrigos rupestres. Desafortunadamente tres días antes del día previsto para la expedición, caí enfermo de lo que parecía una gripe o gastroenteritis; dolores intensos de todo el aparato digestivo me impedían tomar alimento alguno ya que al comer, notaba fuertes y localizados dolores, tenía algo de fiebre y estaba prácticamente sin energía. La noche anterior al evento seguía igual, sin ninguna mejoría y sin casi alimentarme, por lo cual temía que no podría asistir con mi guía al grupo del curso chamánico en la naturaleza a la mañana siguiente. Dudaba sobre si ir o no al encuentro y llamar para comunicarlo. Era consciente que en mi estado una salida o excursión podía ser peligroso para mi salud, era verano y el trayecto hasta el lugar previsto era largo y con cierta dureza, con apenas sombras para refugiarse de la incesante calor del sol agravado con un sendero abrupto e irregular; si la fiebre seguía siendo elevada corría el riesgo de desfallecer dañando irreversiblemente mi organismo, por mucho que lo deseara veía casi imposible mi asistencia.

Pero… algo dentro de mi me dijo que superara el obstáculo, había algo que me atraía al curso chamánico en la naturaleza, en el fondo tenía la seguridad de que lo podría lograr, sé que en ocasiones difíciles dispongo de una gran capacidad energética y vitalidad y… simplemente me dejé llevar, me dije a mi mismo que la experiencia era con fines espirituales y confié en lo que los indígenas americanos denominan Wakantanka: El gran misterio, otras religiones o filosofías lo llamarían Dios o destino. Así que decidí ir sabiendo que la lógica indicaba que era una auténtica locura.

Llegué con antelación al lugar en que habíamos quedado y desde donde se iniciaba el curso chamánico en la naturaleza, comenté sobre el estado en que me encontraba a Francesc diciéndole que posiblemente no llegara al lugar deseado, que a mitad del camino les dejaría para regresar a mi casa. El trayecto se me hizo larguísimo y muy duro, sin fuerzas, deshidratado y la fiebre alta diezmaba enormemente mis capacidades. Llegamos al primer abrigo primitivo y di una serie de explicaciones de las representaciones rupestres que se hallan en la cavidad, y así descansar un rato. A partir de allí el grupo continuaría para comenzar realmente el curso chamánico en la naturaleza y yo regresaría, pero inexplicablemente decidí continuar, me encontraba a gusto con los integrantes del curso chamánico en la naturaleza y si había llegado hacia allí, podía llegar hasta el final, así que continuamos hasta que ya divisamos el emplazamiento elegido para realizar los trabajos. El sitio es impactante, Se trata de un anfiteatro natural o cañón semicircular de unos 200 metros de diámetro formado por unos acantilados en cuyas paredes se encuentran varios abrigos con pinturas rupestres, el lugar esta lejos del río por lo que posiblemente no fuera un lugar de caza de los antecesores sino de aislamiento o prácticas rituales o espirituales, huelga decir que la acústica del lugar es excepcional tal como pudimos comprobar, ya que el sonido rebota y reverbera en las paredes como si de una inmensa parabólica gigantesca se tratase, pudiendo entablar una conversación en un tono normal a más de 300 metros entre sí.

Pues bien mi estado de salud empeoró, o mas bien agoté las pocas energías de las que disponía, y mientras Francesc comenzaba propiamente el curso chamánico en la naturaleza dando las instrucciones a los componentes del curso, cada uno elegía un lugar adecuado o percibido como positivo para la práctica a lo ancho del perímetro del cañón o teatro natural, al mismo tiempo yo me quedé en el ángulo formado por la pared y el suelo en un pequeño refugio o balma al lado de unas pinturas, me detuve a descansar dejando la mochila en el suelo y me tumbé de lado junto a mi perrita llum de costado en posición fetal totalmente exhausto, tan desfallecido estaba que ni siquiera miré si había polvo, alguna piedra, o la postura era la adecuada para descansar. Simplemente allí me quedé. Al mismo tiempo escuchaba a Francesc continuar ofreciendo una serie de instrucciones al grupo del curso chamánico en la naturaleza y activar una especie de metrónomo o aparatito que emitía un sonido rítmico y constante.

No se si era el trabajo energético del grupo del curso chamánico en la naturaleza, si fue el sonido del aparato, la carga del lugar o mi estado de salud, pero empecé a experimentar algo que me es difícil de concretar o explicar con palabras. Me invadió una gran sensación de paz o plenitud, noté mi consciencia expandirse, mas que expandirse diría que sentía o ERA todo lo que me rodeaba, simplemente experimentaba o saboreaba la totalidad. A continuación percibí otra extraña sensación; tuve la certeza de que personas me estaban arropando y cuidando, no los veía, solo los sentía o notaba, no podía mover mi cuerpo si es que tenía cuerpo, solo la sensación de que me cuidaban, experimenté sensaciones de amor, ternura y calidez con una fuerza e intensidad asombrosa, lo recibía de aquellas personas, digo personas porque es lo que percibía, pero no los podía ver ya que ni siquiera pude levantar la mirada para observarlos. Al mismo tiempo un sonido acariciaba mi ser, una melodía, un sonido rítmico y constante que me transportaba y acompañaba agradablemente en este viaje o trance, quizás a la experiencia que más se asemeje a este estado es el mismo que experimenta un bebé bajo el abrazo y recogimiento de la madre mientras entona una cancioncilla, nana, o un simple tarareo pacificador para se duerma. Pero en este caso ¿quienes o que eran los que me arropaban?, mi sensación era de personas especialmente conectadas con unos fortísimos lazos emocionales o espirituales que transmitían serenidad, amor y compasión.

Creo recordar un instante de visión, como un flash, en el que vi el lugar donde estaba totalmente distinto, el lugar era el mismo, el mismo anfiteatro natural pero muy distinto; de las paredes y desde la parte superior de los acantilados colgaba una tupida y abundante vegetación, así como el agua rezumaba en hilos por las paredes repletas de vida, el entorno se había transformado y adquirido mayor vitalidad y belleza, había personas alrededor del perímetro ocupados en tareas cotidianas aunque fue muy rápida la visión, la sensación que se respiraba era de alegría y seguridad, percibía mucha vida en las personas y el lugar, si tuviera que definir la sensación sería LLENO DE VIDA. Cuesta explicar una sensación así, pero había mucha vitalidad.

 Curso chamánico en la naturaleza: Fosfenismo

Experiencia de Joan Calaf en el curso chamánico en la naturaleza: Fosfenismo

Al terminar Francesc de instruir al grupo del curso chamánico en la naturaleza y dirigirse hacia mi, al lugar donde estaba acurrucado, cuando me di cuenta que no estaba dormido sino en un estado de duermevela, muy parecido al estado de profunda meditación, estaba allí en el suelo tal como me deje caer un instante antes cuando llegamos, después pude constatar realmente que estuve así muy poco rato, unos minutos, aunque mi sensación temporal fue muy distinta, muy estirada, como si hubiera estado dormido varias horas. No tuve tiempo de dormir debido al poco tiempo transcurrido, para el resto del grupo fueron solo unos segundos o minutos, además en todo momento fui consciente de los sonidos y las voces de los integrantes del grupo del curso chamánico en la naturaleza. Realmente era como si mi consciencia mente o espíritu estuviera en dos realidades al mismo tiempo, pero cada una con una medida del tiempo totalmente distinta.

Después de reincorporarme charlé un rato con Francesc contándole lo que me había ocurrido, aún estaba muy debilitado y absorto por lo experimentado, y me ofreció unas bayas medicinales que el siempre lleva encima ya que son un alimento de gran eficacia en situaciones comprometidas, comentándome que me la tomara que ya vería como me ayudaría a mejorar, me tomé una, que por cierto era saladísima, aunque eficaz ya que al momento noté una ligera recuperación, me acompañó un tramo de camino de regreso dejando al grupo del curso chamánico en la naturaleza con sus prácticas y trabajo, nos despedimos y retomé el viaje de regreso a mi hogar que se me hizo interminable, casi a ciegas, aún no me explico como pude regresar ya que la dolencia, el agotamiento y la experiencia me había debilitado enormemente; estaba embotado y espeso sin poder ni siquiera pensar con claridad ni analizar lo que estaba haciendo, el viaje de regreso era casi sin consciencia sin recordar apenas nada, solo se que anduve como un autómata, como una hormiga que sigue el rastro dejado por su antecesor con el único propósito que el poder llegar a casa a descansar. Llegué por la tarde, me quedé sentado en el sofá y dormí, esta vez si que dormí, y me vinieron recuerdos de lo que había vivido las anteriores horas. Solo dormí por espacio de un par de horas, pensé que insuficientes para reponerme, pero… me encontraba inexplicablemente bien, sin malestar, ni dolor intestinal ni siquiera fiebre, mi mente ya había recuperado la claridad habitual. Estaba desconcertado ya que llevaba tres día enfermo sin mejorar, y después del castigo impuesto a mi cuerpo ese día estaba extrañamente recuperado y sanado, aún notaba algo de debilidad y molestias pero solo como una ligera resaca. Recordando la experiencia que había vivido hacía apenas tres horas en el curso chamánico en la naturaleza. La recordaba nítidamente, con todas las dificultades que sufrí y sin embargo estaba totalmente recuperado y lleno de energía, y con la total certeza de que allí me arroparon y protegieron.

Joan Calaf