Testimonio del curso de chamanismo testimonio

Testimonio del curso de chamanismo: Genma

Testimonio del curso de chamanismo: Gemma

Testimonio del curso de chamanismo en Matarranya 2013. Este ha sido mi primer curso de Fosfenismo en la naturaleza, en Matarraña, espero que no sea el último sino el primero de muchos. ¿Qué ha supuesto para mí el curso? Mi testimonio del curso de chamanismo podría empezar así: uff, debido a que todavía no lo sé, ha sido tan impactante que necesito tiempo para digerir todo lo vivido. Han pasado semanas y me siguen llegando flashes de información de las experiencias de los ejercicios.

Me gustaría empezar mi testimonio del curso de chamanismo mencionando a los trabajos magistralmente dirigidos por dos directores de orquesta que son Francesc y Bruno, sino al ambiente del grupo, a la convivencia, al compartir cosas en los tiempos de descanso. Una joya que traigo del curso es el haber podido compartir con personas maravillosas situaciones o experiencias que me pasan en mi vida cotidiana. Personas (o seres como a mi me gusta llamarles) que me entienden cuando cuento mis experiencias y que ellos también comparten las suyas. Mi testimonio del curso de chamanismo pone en evidencia que ya no me siento tan bicho raro.

Mi testimonio del curso de chamanismo ya empieza semanas antes de su inicio. En la primera aula virtual de preparación al curso, el ver a Francesc ya me impactó y algo en mí comenzó a removerse. Sueños muy intensos, muy vívidos en los que Francesc acudía a ellos, me decía cosas, me ponía y quitaba masas de mi cuerpo etéreo. Tengo la imagen en el recuerdo de ponerme puntos blancos sobre mi corazón rojo, blanco, rojo, rojo, blanco palabras que se me han quedado grabadas. Unos quince días después, en la ermita de la Magdalena estuvimos trabajando con puntos de concentración de blanco sobre rojo. No es casualidad, ahora los veís en mi testimonio del curso de chamanismo de luz.

Llegué a La Fresneda con mucha expectación e inquietud. Siendo consciente de que este curso va a cambiar el rumbo de mi vida, estoy dispuesta a ello, me entrego al curso. Mucho de ello se destila en mi testimonio del curso de chamanismo.

Testimonio del curso de chamanismo: Genma

Testimonio del curso de chamanismo: Matarranya 2013

Subimos a Santa Bárbara, primera parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Veo las ruinas, algo resuena dentro de mí. Detrás de las ruinas hay tres cruces de madera clavadas en el suelo, una de ellas con un lienzo blanco enganchado en su parte superior. Esta imagen me altera emocionalmente, me causa dolor. En las lanchas de piedra empiezan los ejercicios. La «madre tierra» nos regala un atardecer y puesta de Sol preciosos. Empiezo a cargarme de energía.

Por la noche vamos a El Salt segunda parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Es impresionante la fuerza del agua con su canción constante y musical. Las estrellas nos acompañan y nos sirven de luz en esta oscuridad. Junto a la cascada un momento de meditación e integración. Cada persona del grupo encuentra su lugar. Yo me pongo detrás de la cascada. Las pequeñas partículas de agua salpican mi cuerpo. Me fusiono con ellas y entro a formar parte del chorro de la blanquecina agua. Me siento ligera, íntegra, potente, fuerte por el agua que forma parte de mi, fuerte por el agua que soy. Doy gracias por esta bendición.

Sábado por la mañana, zona de El Masmut, tercera parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Lugar único por la belleza, extensión, colorido y magnificencia de la vida explosiva del entorno. Huele a vida. Estar en la naturaleza es volver a revivir, cargar la esencia de la existencia misma. Pinos, encinas, romeros, espliegos, jaras,… sintonía de olores; águilas, mariposas, chicharras, grillos, moscas… sinfonía de sonidos. En el bancal donde se forman los grupos, contemplo el espacio donde estamos. Maravillosos recuerdos de bienestar afloran en mi mente, integridad con el ser y con la «madre tierra» que nos envuelve y nos alimenta en todos los sentidos.

Empiezan los ejercicios. En mi turno de pasivo, tumbada en el suelo, me concentro en el tema a tratar, los contrarios o complementarios. En esta situación, centrada en el ritmo y en el mantra sonoro y cantarino, mi «alma» se traslada de mi cuerpo. Me convierto en un águila imperial que sobrevuela toda la zona. ¡Qué plenitud! La vivencia como águila, el mirar a través de sus ojos, el sentir a través de su cuerpo es reconfortante. Veo la transformación de cada una de las distintas personas que forman los grupos, primero son mariposas luego águilas. Todos juntos pasamos por una puerta dimensional.

Sábado por la tarde, La Coveta, cuarta parada de mi testimonio del curso de chamanismo

En la cueva pasaron muchas cosas intentaré describir algunas en mi testimonio del curso de chamanismo. Un foco de luz se quemó y un humo denso y desagradable invadía el lugar donde estábamos sentados. Oscuridad absoluta. De mi grupo en la cueva éramos sólo cuatro personas. Pasó una anécdota curiosa. El lugar era tan justo que el pasivo tenía que estar sentado. Yo detrás de él, mis rodillas casi rozaban su espalda. Empezamos el ejercicio, mantra y balanceos. Una energía potente me lanza para atrás en cada giro de mi cuerpo del balanceo. La energía es tan fuerte que mi cuerpo rebota en los barrotes que tengo detrás, una y otra vez. Tengo que controlar el impulso hacia delante por no dar al pasivo. En uno de estos rebotes levanto los brazos al techo. El brazo se mueve incontroladamente. Sin querer rozo la cabeza de la persona que estaba a mi lado. El susto que nos llevamos fue tal que la compañera dio un respingo que movió su silla. tranquila, que soy yo le digo. Un ataque de risa espontáneo nos da a las dos, no podemos parar de reírnos. Tras las risas vinieron las toses por el humo tan irritante que había en el lugar. Al final ellos decidieron salir de la cueva.

Francesc me reubicó con otro grupo. En este nuevo lugar me encontraba muy cómoda. Pese a la poca ropa que llevaba, un pantalón corto y una chaqueta polar, no tenía frío. Los mantras me envolvían de energía. Cuanta paz encontré allí. En mi tiempo de pasivo, tuve la experiencia de descender al centro de la tierra, fundirme con ella en su lava y renacer. Ahí me fue entregada la piedra de poder. Después, con la consciencia en mi cuerpo físico dentro de la oscuridad de la cueva, vinieron muchas energías densas que me sacudieron, empujaron, zarandearon. Fueron tan reales que notaba como tiraban de mi pierna y de mi brazo. No tenía miedo.

Me enfrenté a la muerte dos veces. La primera vez le dije que se fuera y así lo hizo. La segunda vez, vino cargada de la imagen y el sentir de una muerte física, de otra vida. Noté el desgarro de mis órganos internos, dolor y sufrimiento hasta llegar a la muerte. Esta sensación la concentré y la metí dentro de la piedra de poder. La magia de la fuerza de la «madre tierra», materializada en esa piedra, transmuto ese sufrimiento.

Sábado por la noche, ermita de San Pedro, quinta parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Decir que lo que vi allí me sobrecogió mucho es quedarme corta. Bueno, si digo que me acojonó, seguro que me entendéis mejor.

No tengo palabras para manifestar las emociones tan diversas, angustiosas, desconcertantes y repulsivas que sentí nada más entrar a la ermita. Después, las experiencias de los compañeros, me impresionaron, me bloquearon por lo que estaba viendo y sintiendo. Tengo el recuerdo de algunas personas saliendo de la ermita porque no aguantaban más y la imagen de Francesc atrancando la puerta con malos modales como nunca le había visto. Esto mi impactó muchísimo.

Llegó mi turno. Muerta de miedo me enfrenté a mis miedos. Primero con el agua. El agua rodeó energéticamente mi cuerpo, se fue cerrando entorno a mí, poco a poco, poco a poco, subiendo, subiendo, subiendo hasta que lo inundó todo. Me ahogué en esa agua oscura, densa, fría y desagradable. Me ahogué físicamente, sin poder respirar. Agonía por falta de aire y pulmones llenos de agua oscura. Una voz me dijo aprende a respirar debajo del agua. Así lo hice. Mi reacción fue empezar a toser, toser para echar todo lo que me había tragado. Después tuve la sensación de que algo me subía desde el ombligo para arriba. Me ahogaba igualmente, me taponaba la garganta. Ese algo o bicho lo tenía en la traquea, me salía por la boca. La forma de echarlo era tosiendo, con arcadas, vómitos secos con el fin de que saliera. Todo mi afán era que saliera, echarlo fuera de mí. Me ahogaba por asfixia. Me ahogué asfixiada. Segunda muerte vivida en la misma experiencia. Tercera muerte vivida en el mismo día

Domingo por la mañana: ermita de la Magdalena, sexta parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Sin entender casi nada de la experiencia anterior, después de una noche incierta, sin poder descansar por la impresión de lo vivido, con un revuelo interno impresionante, llegué el domingo a la ermita de la Magdalena. Nada más entrar en la ermita, un tremendo dolor de cabeza se me desata. La energía del lugar me desborda. Noto una energía caótica. Cada movimiento de cabeza es un taladro que me perfora.

Empiezan los ejercicios. Estoy tan concentrada en lo que hago y proyecto, que no me entero de nada de lo que sucede a mi alrededor. La energía del grupo me lleva. Dentro de mí se desatan una serie de sensaciones que no sé de dónde me vienen ni el por qué. Empiezo a llorar, llorar y llorar desconsoladamente con cada tensión estática.

Piedra de poder en el curso de chamanismo de luz

Testimonio del curso de chamanismo Genma

En un ejercicio Francesc dice que nos sentemos en la silla y nos pongamos en posición fetal. Esta posición, ojos cerrados, oscuridad y llanto, me trasladan como si de una regresión se tratara, al vientre de mi madre, cuando yo era un pequeño feto de pocas semanas. Ahí siento la muerte, la muerte a mi alrededor, en el mismo espacio de esa oscuridad. Siento las emociones de mi madre en ese momento. Vivo las dudas de mi madre a engendrarme y su deseo inconsciente de deshacerse de algo que no es su momento, «yo». Noto que ha habido muchas muertes antes que yo en situaciones parecidas ahí en el vientre de mi madre y en el vientre de distintas madres de mi familia. Aquí comprendo la experiencia de la noche anterior cuando morí ahogada por un líquido oscuro, revivo la experiencia. El dolor del alma es insoportable. Unas emociones emergen desde el fondo de mi ser que me asustan. Emociones enquistadas, emociones ancestrales de odio, de rabia contenida por muertes soportadas. Mi llanto no tiene consuelo. Las lágrimas se mezclan con gritos. Un dolor intenso se apodera de mí. Se me desgarra el alma.

En mi momento de pasivo, trabajamos sobre el elemento fuego. Noté las ascuas dentro de mi vientre. Noté cómo me quemaba fundida por esas ascuas que al principio eran pequeñas y se fueron convirtiendo en llamaradas fuertes, potentes, luminosas, cual columna de fuego unían el centro de la tierra con el cielo. Ahí estaba yo, dentro de ese fuego, muriendo una vez más y renaciendo de nuevo. Mi cuerpo tumbado en el suelo, se encorva y describe un arco apoyado por el borde de los talones y la coronilla. Una fuerza sobrenatural me empuja del ombligo y me proyecta hacia arriba.

Momentos después puntos blancos llegan a mi corazón rojo. Blanco sobre rojo, blanco sobre rojo. Un cordón de luz blanca, une mi corazón rojo con el cielo. El cordón se tensa y tengo la impresión de que me arrastra hacia arriba. Dentro de mí empieza a emerger algo. Algo que sube por el estómago, por el esófago, por la traquea, me ahoga, no puedo respirar. Me quedo sin aire. De la garganta sube por dentro de mi cabeza, noto cómo atraviesa mi cerebro y sale por mi cráneo. Una inmensa, poderosa, gigantesca y descomunal águila. Su cabeza y cuello con plumas marrones están encima de mi cabeza. Mis ojos físicos se trasladan a los ojos del águila. Empiezo a mirar a través de sus ojos. Una mirada distinta a otras experiencias. Campos de energía, líneas de colores… me gustaría poder pintarlas en mi testimonio del curso de chamanismo.

Cerramos el trabajo en la ermita con un OM general, colectivo. Momento de equilibrio para integrar todo lo vivido. Desde mi corazón doy las gracias al lugar por haberme acogido, doy las gracias a Francesc, a Bruno, a mis compañeros de grupo, doy las gracias a los asistentes y me doy las gracias a mi misma por haber roto otra capa del muro del corazón que me aísla de la realidad que soy.

Domingo por la tarde, el Salt, séptima parada de mi testimonio del curso de chamanismo

El cielo está gris, cargado de energía. Una tormenta nos acompaña en el trabajo de El Salt. Trabajamos el neumofeno en busca del árbol de poder. Los compañeros relataban que su árbol era un roble, un ciprés, un eucalipto, etc. Cuando llegó mi turno de pasivo, vi mi árbol claramente. Cuando me preguntaron de qué árbol se trataba, me dio vergüenza decir lo que había visto, así que dije que no sabía. Bien sabía yo de que árbol se trataba, árbol con el que he tenido grandes experiencias, viviendo como él, sintiendo como él. Un árbol que no es de este planeta ni de esta dimensión.

La visión que tuve fue de un gran árbol de copa redondeada, con hojas de formas variadas y diferentes. Sus ramas están llenas de gemas de colores que centellean como luces brillantes. El árbol y yo somos uno. Somos dos Seres distintos pero a la vez somos Uno sólo. Las personas se acercan a mí y elijo la joya que más le conviene. Cada joya contiene en su interior una palabra, palabra única y exclusiva que yo doy a cada ser.

Lunes por la mañana, zona de Santa Bárbara. octava parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Tumbados en el suelo, formando una larga hilera, unidos físicamente por las manos, iniciamos una meditación que nos llevará más allá de nuestra conciencia, más allá de la dimensión que nos podamos imaginar. Francesc comienza su ejercicio pidiéndonos que busquemos una persona o ser con la que queramos estar unidos emocionalmente o solucionar algún tema emocional. Después, elegimos otra persona o ser para el tema mental.

Entre todos los del grupo creamos un Avatar formado por la esencia de las dos personas que cada uno de nosotros hemos elegido. El Avatar va tomando forma y tamaño con las tensiones estáticas que generamos. El ser energético concebido se desplaza del lugar en el que estamos, tomando una nueva proporción a medida que recargamos su energía con las tensiones estáticas. El Avatar orbita entorno a la Tierra, camino a la Luna. De allí al Sol, al centro mismo del Sol, para trasladarse más allá del sistema solar, adentrándose en el centro del universo, incluso más lejos aún.

Cuando el Avatar regresa a Matarraña es un ser inmensamente grande y poderoso se hace difícil describirlo en mi testimonio del curso de chamanismo. Porta la esencia pura de las personas que hemos elegido cada uno del grupo. Cuando integro el Avatar en mí, percibo que es un conjunto de esencias puras no solo de las dos personas elegidas por mí sino también del resto de las personas elegidas por mis compañeros. Es una suma de conciencias tanto de este mundo como de la información traída de más allá del universo.

Lunes por la tarde, Oscar, novena parada de mi testimonio del curso de chamanismo

Cerramos el curso entorno a una encina majestuosa. Como centro de referencia y punto de encuentro, allí confluyen las líneas energéticas que nacen en las distintas zonas donde hemos estado trabajando. Masmut, La Coveta, ermita de San Pedro, ermita de la Magdalena, El Salt, Santa Bárbara. Integrando cada una de las experiencias vividas en estos lugares tan especiales, agradezco desde el fondo de mi corazón que se me haya permitido estar allí. Doy las gracias por lo vivido y lo aprendido y quiero evidenciarlas en mi testimonio del curso de chamanismo.

Décima parada de mi testimonio del curso de chamanismo

De vuelta en casa, intento integrar todo lo vivido. Es tanto, que no sé por dónde empezar. Tengo la sensación que han pasado años o décadas de expansión de conciencia dentro de mí, pero sólo han transcurrido cuatro días terrenales.

Sobre la mesa encuentro un papel con una anotación. Al leerlo, parece que estoy escuchando a Francesc cuando lo dijo en el aula virtual:

este año en matarraña trabajaremos sobre los patrones de muerte y renacer, muerte y resurrección de la conciencia

¡Qué fuerte! Ahora entiendo todas las muertes que viví.

 Testimonio del curso de chamanismo en Matarranya 2013 de Genma García