Vivencia del curso de chamanismo en Matarranya

Vivencia del curso de chamanismo en Matarranya III

Vivencia del curso de chamanismo – Matarranya III – noviembre 2015

Era la primera vez que iba a experimentar mi vivencia del curso de chamanismo con el trabajo en el bosque con el árbol. Enseguida que lo vi, sentí que era este mi árbol, me tendía los brazos. Me acomodé, y le entregué mis ofrendas. A lo largo el ejercicio, seguían presentándose un montón de recuerdos de vivencias relacionadas con la emoción que elegí trabajar, tal como se me presentaban en casa, durante los ejercicios previos. Los recuerdos eran muy nítidos, con muchos detalles. Se seguía limpiando esta gran red de recuerdos que alimentaban mi malestar. Después se presentaron escenas de vidas pasadas, y cuando toqué una de ellas, el frío se hizo intenso dentro de mi. Ahora entiendo que allí estaba el mayor enraizamiento de esta dificultad. Era una vida en la cual era un hombre muy pobre, y tenía tal vergüenza de mi pobreza que dejaba de reconocerme como Ser. No tenía la mínima consideración por mi misma. No me sentía persona, sino como la cosa la más despreciable del universo.

Por la tarde iniciamos el trabajo grupal de proyección sobre un sujeto pasivo. Para mi el reto era grande (o eso me parecía), ya que iba a ser mi primera vez como sujeto pasivo en un ejercicio de subida de kundalini. Mis sombras me susurraban una y otra vez que yo no había hecho un trabajo personal suficiente como para poder sacar un buen provecho del ejercicio. Les agradecí sus comentarios, no las alimenté, y me entregué totalmente al ejercicio, dejando el mando a la sabiduría de mi cuerpo físico.

La vivencia del curso de chamanismo se me presentó como la continuación del ejercicio realizado en la Magdalena en Matarranya I. Si antes tenía las piernas de hielo, ahora las tenía de madera, o de hierro. Ya no estaban tan frías, pero igualmente el dolor se presentaba a la hora de movilizar tanto encogimiento y rigidez. La cabeza se movía fuertemente de un lado a otro, hasta llegar al mareo. El sacudir tanto el campo mental, le hacía perder el control y romper la rigidez. Al mareo se sumó una gran tensión en el plexo solar, que de repente se abrió y sentí que entraba el aire, que podía respirar por el plexo solar.

Al colocarme de nuevo entregando ritmo hacia otro compañero, de repente, me llené de un gran bienestar, y me sentí en Familia, sentí a todos los compañeros del curso como Familia. Entonces supe que había hecho un buen trabajo, aunque no había visto ni sentido ninguna serpiente.

Fue igualmente importante (o más) la vivencia del curso de chamanismo como activa. A la hora de proyectar ritmo, se me presentaba mi animal de poder (Matarranya 1), y cuando proyectaba desde esta visión, era riquísima la vivencia del curso de chamanismo. Mi animal se me presentaba como en un reportaje de National Geographic, con unos paisajes espectaculares, desplegando según el momento, toda su fuerza, o su ternura. El ritmo me salía con más intensidad, y la apertura de corazón era espontánea, ante la belleza que desplegaba la imagen de mi animal de poder.

Salí del curso con el corazón grande, y como siempre que realizo un cambio interno importante, llegan los regalos: primero me llaman para trabajo, y después, durante el viaje de vuelta, como no me podían regalar un arco iris porque era de noche, saliendo de una curva, me espera la luna en el horizonte, vestida de dorado, recortando la silueta negra de las montañas, envueltas en su base por la niebla naciente, en tonos violetas. Un paisaje que se me quedará grabado para siempre.
Un agradecimiento grande a tod@s l@s seres que hicieron posible este trabajo, está vivencia del curso de chamanismo…

Mathilde