Alquimia el gran secreto de la luz interior

Alquimia y fosfenos

La alquimia y los «secretos de oficio» la búsqueda de la luz interior: el fosfeno

Cuando observamos la luz y cerramos los ojos, iluminamos nuestro interior con una luz, el fosfeno, que no es de este mundo pero que nace de ella que sí lo habita, así es como abrimos la puerta al espíritu y a la conciencia, así es como desde el origen de los tiempos el hombre ha realizado su verdadera alquimia interior.

La alquimia es el paso natural desde la mística de la metalúrgica a la sublimación de la conciencia, de la fragua al horno alquímico, de la sacralidad celeste de los meteoritos «piedras de luz» a la «piedra filosofal», del herrero de los misterios metalúrgicos al sabio de la transmutación, en cualquier caso es el siguiente eslabón de la utilización consciente del fuego creador de la luz primigenia convertida en luz interior.

La metalurgia nace alrededor del concepto de que la tierra engendra a los  minerales en su vientre, del mismo modo que un feto crece en las entrañas de su madre, razón por la cual las minas de galena de España se dejaban «reposar» tras un periodo de intensa explotación para así «renacer» Plinio (Nat. Hist., XXXIV, 49) o por la que Barba, autor español citado por  P. Sébillot en Les travaux publics et les mines, argumentaba: …los que creen que los metales han sido creados desde el principio del tiempo se engañan groseramente, los metales «crecen» en las minas.

El nombre sánscrito para la palabra esmeralda es azmagarbhaja, es decir,  nacida de la roca, así en los tratados mineralógicos indios, el diamante y el cristal difieren básicamente por la edad, el primero es pakka, maduro y el segundo kaccha, verde, inmaduro. En Europa hasta el siglo XVII se pensaba igual: El rubí, en particular, nace, poco a poco, en la mina… Como el niño se alimenta de sangre en el vientre de su madre, así el rubí se forma y se alimenta, citado también por P. Sébillot en Les travaux publics et les mines o incluso más claramente si cabe en Récepte véritable par laquelle tous les hommes de la France pourraient appendre à multiplier et augmenter leurs trésors de Bernard Palissy (La Rochelle, 1563): Así del mismo modo que el exterior de la tierra trabaja para engendrar algo, paralelamente su interior y matriz trabajan también para producir.

La clave metalúrgica y después madurativamente, alquímica, es que el hombre se ve capaz de intervenir, mediante el fuego, es decir la luz, sobre los procesos madurativos de la tierra, acelerando sublimando y transformando la creación misma de la naturaleza mediante un proceso catalizador absolutamente mágico, el fuego transmutador, dicho de otro modo, exactamente lo mismo que hacemos cuando generamos un fosfeno: mediante el fuego (lámpara del Dr. Lefebure) aceleramos los procesos cognitivos, emotivos y sutiles de nuestra mente y de nuestro espíritu. Fosfenismo y alquimia

En el caso del alquimista la obra consiste en su maduración interior. Incluso en la Edad Media la línea divisoria entre ambas continúa muy tenue pues los minerales se consideran engendrados por la unión de los dos principios alquímicos básicos, el mercurio y el azufre, y su desarrollo se produce según la orientación de los filones esté favorecida por la Luna en el caso de la plata y por el Sol en el caso del oro, así como el cobre es regido por Venus, el hierro por Marte y el plomo por Saturno, pero subyace siempre el origen arcaico de la alquimia aunque se manifieste la elaboración puramente erudita de las tradiciones babilónicas, en las que cabe encontrar el origen cosmológico y astrológico de la alquimia. Es importante reseñar que se considera que caso de que la naturaleza no  tuviera contratiempos, todos los minerales acabarían convertidos en oro, pero así como la imperfección se manifiesta aleatoriamente en todas las facetas de la vida la naturaleza se encuentra con obstáculos que le impiden lograr su fin último, el oro.

El oro representa el fin último la pureza máxima, es decir, la culminación la gestación de la madre tierra y el nacimiento a una conciencia total y se llega a él mediante un agente purificador y generador de neguentropía: la luz, el fuego, fosfenos en definitiva. Evidentemente la inmortalidad acompaña la obra alquímica como elemento recurrente pero aparece siempre como una consecuencia lógica de la llegada a la meta final, la máxima pureza, la iluminación última.

En China el taoísmo, tan presente hoy en día, se remonta a «cofradías de herreros» custodios de los secretos mejor guardados de las más altas artes mágicas, las que giran alrededor del fuego, es decir, de los fosfenos y es en los círculos taoístas donde se propagan las técnicas alquímicas. ¡El taoísta en China, no es más que depositario de la más antigua sabiduría del fuego! eso si, refinado, letrado, su herencia no es oral es escrita. La alquimia china es en definitiva la heredera de los mitos y secretos de oficio de los herreros, los señores del fuego atemporales, los señores de los fosfenos por excelencia pues durante toda su labor no hacen más que mirar el fuego y trabajar con su recuerdo: el fosfeno.

 

Jou –lai (Tathagata o Buda), en su gran misedicordia, ha revelado el método del trabajo alquímico) del Fuego y ha enseñado a los hombres a penetrar de nuevo en la matriz para rehacer su naturaleza (verdadera) y (la plenitud de) su parte de vida (R. Stein).

La alquimia alejandrina de los comienzos de la Era cristiana nace por la fusión de de las corrientes esotéricas del gnosticismo de la astrología del neopitagorismo etc. y como no, de los misterios de un universo preñado de sacralidad, un universo de adoración al sol y a lo que representa. Los alquimistas del Oriente helénico heredero de los «secretos de oficio» de los técnicos metalúrgicos de Mesopotamia y de Egipto, se sumergen en un mundo místico y religioso profundo, desdeñando los puros procesos naturales para producir oro y volcándose en el espíritu revelador de la obra. Sherwod Taylor: Estos hombres nos se interesaban por hacer oro y no hablaban en realidad del oro real. El químico que examina esas obras experimenta la misma impresión que un albañil que quisiera extraer informaciones prácticas de un tratado sobre franc-masonería.

En la India los yoguis-alquimistas mediante la respiración, prânâyâmâ y los remedios vegetales y minerales lograban prolongar su vida indefinidamente y transmutar los metales en oro, según los primeros relatos de los viajeros árabes. La relación de la alquimia con el Yoga es innegable desde Nâgârjuna, hasta los más nombrados siddhas tántricos Kamari, Vyali, etc. o incluso como rama del Hatha-Yoga. Las técnicas arcaicas que dieron origen a la «conquista de la materia» que luego conformaron los primeros oficios, giran siempre alrededor de la domesticación del fuego y aquellos tienen como regla capital lo sagrado, los misterios de la iniciación que coinciden con los «secretos de oficio». Dominar el fuego implica conocer el fosfeno, el fosfeno da origen a la simbología de lo místico a la sacralización del universo pues pone en contacto al hombre con la magia de su transcendencia y con todos los procesos místicos de una conciencia extendida, es en ese contexto donde aparece el precursor del alquimista el herrero, el mago de la metalurgia, el señor del fuego, así el alquimista chino, el alquimista indio, el árabe etc. es un heredero de la tradición inmemorial de la ciencia de los fosfenos, de la observación constante y consciente del fuego creador.La alquimia antiguo oficio de luz

El universo simbólico de la cosmología del hombre antiguo se origina cuando la luz exterior, el fuego, se convierte en la luz interior, el fosfeno, un objeto nunca es un objeto si no lo que representa y contiene: la magia del símbolo y de la representación sutil y espiritual; así es como el fosfeno nace del fuego y lo representa en espíritu.

Es impresionante la descripción fosfénica de la alquimia que podemos leer sin ser explicitada (es el eterno retorno fosfénico…) en el libro de Micea Eliade sobre la alquimia y los oficios iniciáticos vinculados a la observación de la luz, Herreros y Alquimistas: Fue probablemente el encuentro con los simbolismos, las mitologías y las técnicas de los mineros, fundidores y herreros lo que verosímilmente dio lugar a las primeras operaciones alquímicas. Pero, sobre todo, fue el descubrimiento de la Sustancia «viviente», tal como era sentida por los artesanos, el que debió jugar el papel decisivo… Es sabido que la esencia de la iniciación a los misterios residía en la participación en la pasión, muerte y resurrección de un dios…

Mitra, el buen pastor, recibía el nombre de el redentor que debía volver al mundo para juzgar a los hombres, nacido de una virgen el 25 de diciembre, adorado por pastores y magos (es decir, sacerdotes del fuego, especialistas en fosfenos), hacedor de milagros y con doce discípulos (doce signos zodiacales) perseguido y muerto (el sol parece morir al inicio del solsticio y resucitar tres días después) a la vez que de vuelta en el reino de los vivos al tercer día… Solsticio significa sol inmóvil: el 21, 22, 23, 24 y 25 diciembre en los 28,23, 28,23, 28,23, 28,23 y 28,25 grados respectivamente (por ejemplo, en una colatitud de 51 grados 40 minutos) para llegar a los 75,10 grados el 21 de junio; todos los pueblos de la tierra, todos ellos adoradores del sol, (si lo adoras lo miras, especialistas sacerdotes de la luz, y si lo miras haces fosfenos) han celebrado los solsticios siendo los mitos solares la estructura (desvirtuada y malinterpretada) de las fiestas más importantes de la actualidad.

En un tratado de alquimia los lectores del Doctor Lefebure verán probablemente ciertas cosas invisibles a los ojos de otros lectores. El sol y la luna aparecen en numerosos textos alquímicos y su importancia es capital pues se mencionan regularmente. El Doctor Lefebure otorgó al sol, la primera fuente de luz, un papel primordial pues en el origen de todos los movimientos religiosos o iniciáticos encontramos un culto solar.

La alquimia también habla de la luz astral, literalmente de la luz que viene de los astros. ¿Por qué debía ser tan importante para la consecución de la «piedra filosofal» en la alquimia? ¿Cómo podría ayudar la luz a la alquimia? En el Fosfenismo sabemos muy bien cuál es la importancia de esta luz, y los alquimistas también parecían saberlo, pues la alquimia es la búsqueda de la luz interior..

Más inquietante todavía, en 1557 Roger Bacon, alquimista, escribió su famoso Espejo de la Alquimia, una obra que todavía se puede encontrar en las librerías y en cuya cubierta se representa a un personaje captando la luz solar gracias a un espejo para luego dirigir el rayo luminoso sobre su cuerpo. Un ejercicio que nos recuerda ciertas prácticas de naturofosfenología (Fosfenismo en la naturaleza, chamanismo de luz) que utiliza los reflejos del sol.

Para los alquimistas, escribe Fulcanelli, los espíritus son unas influencias reales, aunque físicamente inmateriales o inapreciables. Actúan de manera misteriosa, inexplicable, incognoscible, pero eficaz sobre las sustancias sometidas a su acción y preparadas para recibirlos. El brillo lunar es uno de estos espíritus herméticos… (Las Moradas Filosofales, Pauvert, 1973).

Mirar la luz de la luna, mirar la luz del sol, del fuego, de las estrellas, del cielo luminoso, de las estrellas etc. es lo que el hombre ha hecho desde el origen de los tiempos y eso, entonces y ahora, únicamente puede significar una cosa los señores del fuego son los señores de la luz, es decir, de los fosfenos, los alquimistas inmemoriales, la eterna alquimia interior, alquimia de luz…