Estrés: gestionar el estrés con luz y ritmo

Gestionar el estrés con fosfenos

Estrés, superarlo con la luz y el balanceo: el fosfeno y el neurosincronizador cerebral

El  estrés es una reacción de defensa del organismo ante algo que se vive como amenazante o que se presenta como un desafío, es pues una respuesta natural y necesaria para la supervivencia pero que mantenida en el tiempo genera situaciones patológicas. El estar siempre alerta no es una situación natural y acaba consumiendo las reservas del organismo, el sistema nervioso simpático se manifiesta con fuerza, se produce la liberación de adrenalina, cortisol, etc. aumenta la glucosa además de producir inmunodepresión, eso es estrés.

Como casi siempre tendemos a creer que el problema no está en nosotros y que son la circunstancias externas las culpables de las situaciones de estrés, el caso es que también como casi siempre, la responsabilidad es compartida pues los factores estresantes sin duda colocan a la persona en un situación de alerta, pero estos interactúan dinámicamente con el individuo en los planos cognitivo, emocional y sutil, si la respuesta es desestabilizante y prolongada en el tiempo aparecen los problemas.

Los factores estresantes, los factores producen estrés son muchos, presión familiar, falta de reconocimiento, aislamiento, inadaptación social, falta de recursos, falta de trabajo, y un larguísimo etc. tan largo como las respuestas, disminución del apetito sexual, insomnio, úlceras, sobrepeso, etc.

Gestionar el estrés con luz natural

Superar el estrés con luz, balanceo y neurosincronización cerebral

Al ser atacados por un depredador se ponen en marcha todos los mecanismos de alerta, se genera estrés, la respuesta puede ser la huida exitosa en cuyo caso el estrés ha conseguido su objetivo, puede suceder que nos quedemos paralizados y por lo tanto cazados, somos ya victimas, o bien también es posible que continuemos siempre huyendo de ése o de constantes depredadores, somos enfermos crónicos. Así pues el proceso sucede en nuestro cerebro pues es él el que reconoce y responde a las situaciones estresantes, en definitiva aquí está la clave porque según como se viva la situación, se produce la respuesta en la emoción, en el aspecto cognitivo y en el sutil, en definitiva no es tan importante lo que sucede que como se vive lo que sucede.

Cuando estamos cerca de la luz se hace difícil estar estresado, por ejemplo, todos relacionamos el estar sentados alrededor del fuego con una experiencia reconfortante, con algo extremadamente placentero, o bien cuando estamos en lugares muy soleados, se hace difícil no relajarse y dejarse llevar por la luz, o cuando nos quedamos embobados mirando los reflejos del sol en el mar o en un rio, de hecho es proverbial la tranquilidad de los pescadores mirando el corcho flotar en el agua y por ende observando la luz que refleja, aunque sean estos personas muy nerviosas, que agradable, que maravilloso y relajante es mirar una puesta de sol o la luna en todo su esplendor, son momentos que todos tenemos asociados a sensaciones de calma y de bienestar.

Con el Fosfenismo podemos llevar esos instantes a nuestro día a día y beneficiarnos de la relajación, la calma y la serenidad que esos momentos nos producen, todo ello a la vez que nos ofrece una rapidez mental fuera de lo común y en equilibrio en nuestras emociones que nos hace tomar distancia con los acontecimientos. Los momentos dulces que he descrito no lo son únicamente por la situación en la que se producen, es decir, si estoy en la playa con mucha luz es claro que estoy de fin de semana o de vacaciones, así pues me alejo del entorno familiar o del trabajo o de cualquier elemento estresor, esos momentos lo son también porque la luz toca nuestro cerebro y hace que rinda mejor, acaricia nuestro corazón centrando y ecualizando nuestras emociones y conecta con nuestro yo superior.

Al observar un punto de luz adecuado durante un tiempo preciso provocamos un torrente de activación mental, emocional y sutil que se manifiesta en una luz interior que llamamos fosfeno, es una manifestación de la propia actividad cerebral según demuestran múltiples ensayos del Dr. Lefebure, en presencia de la cual nuestras capacidades se potencian, pero además produce una extraordinaria sensación de tranquilidad, de control y de equilibrio, que se prolonga entre observaciones y que hace disminuir y hasta desaparecer todos los inconvenientes del estrés mal gestionado.

Superar el estrés con el neurosincronizador

Superar el estrés con el neurosincronizador cerebral de Dr. Lefebure Methods

El proceder en el caso de una persona que gestione mal el estrés es muy simple, realizar fosfenos hará que la presión disminuya, que el entorno se vea menos hostil, que la valoración personal crezca, que se produzca más centración, que aumente la creatividad, para ello solo debemos hacer un número suficiente de fosfenos al día para así nutrir nuestro cerebro con luz y llegar a un punto crítico de activación. El fosfeno se ve con los ojos cerrados durante tres minutos pero para el caso que nos ocupa el solo hecho de mirar la fuente de luz, es decir, la lámpara fosfénica, durante treinta segundos y luego continuar nuestra actividad con total normalidad será suficiente para estar muy contentos de los resultados, deberemos hacerlo múltiples veces a lo largo de día, cuantas más mejor. Por ejemplo, antes de salir de casa hacia el trabajo realizar unos fosfenos es una gran idea, en nuestra rutina seguro que encontramos un hueco de 30 segundos para mirar la lámpara fosfénica del Doctor Lefebure, de hecho deberíamos encontrar varios huecos y reservar el último para hacer un sencillo pero extremadamente poderoso ejercicio de mezcla fosfénica: ahora si en un momento dedicado por entero a la concentración, son solo tres minutos, observaremos la lámpara, la apagaremos y con los ojos cerrados repasaremos el día que queremos tener repitiendo una frase que previamente habremos escogido de fuerza de autoafirmación o de alegría etc. durante la presencia de la luz interior, el fosfeno, hasta este se extinga, esto deberá ser lo último que hagamos antes de salir de casa.

Actualmente disponemos de la lámpara de bolsillo del Dr. Lefebure que nos permite realizar fosfenos en cualquier lugar, recordemos que en definitiva lo que hacemos es reproducir un momento mágico de luz interior, de gozo, de tranquilidad y de alegría, como los días de playa, los atardeceres o los relatos delante del fuego, con la lámpara portátil podemos hacer fosfenos sin necesidad de llamar la atención, en un momento que vayamos al servicio, en el momento de nuestro desayuno, en un descanso en la oficina, en definitiva en esos pequeños espacios que todos tenemos durante la jornada, se trata de gastar treinta segundos para llevar la luz a nuestro interior.

Otra extraordinario recurso para gestionar el estrés, en este caso diríamos que de emergencia, es la proyección del fosfeno en el ombligo, ese punto mágico que nos conectó con la vida cálida y dulcemente, solo hay que generar la fuerza cognitiva, emocional y sutil, es decir un fosfeno, y proyectarla con los ojos abiertos al ombligo durante tres minutos, inmediatamente se produce una sensación de equilibrio y de centración, es un ejercicio muy útil si se ha producido un desequilibrio fuerte por una noticia o por un ambiente hostil que ha generado mucho estrés incontrolado, hacer esto una sola vez es suficiente para bajar los niveles de excitación y volver a controlar la situación.

Pero todavía disponemos de más herramientas en Fosfenismo para disminuir el estrés e incluso erradicarlo, como poco gestionar el estrés mucho mejor; de pequeños nos gustaba que nos mecieran y cuando pudimos fuimos nosotros los que nos balanceamos, porque es fisiológico y porque instintivamente, el ser humano busca lo que le favorece, el columpio, los juegos de rotaciones etc. en definitiva lo que luego de mayores vemos hacer a los místicos o las personas en procesos de introspección profundos, los derviches, lo monjes tibetanos y muchísimos más, balancearse es agradable y nos tranquiliza nos calma.

Otra vez el tema es obvio, a todo el mundo le gusta mirar la luz y a todo el mundo le gusta mecerse y no solo eso, son los ejes de todas las religiones y las iniciaciones, las observaciones de la luz y los balanceos, así que será importante, y del mismo modo que el Fosfenismo estudia los efectos de la luz en nuestro cerebro estudia los resultados del masaje cerebral que los balanceos producen en el mismo, reproduciéndolos con sonidos alternos que estimulan nuestros hemisferios.

La neurosincronización hemisférica a un segundo por lado, que vendría a ser de algún modo equivalente a un balanceo lateral de nuestra cabeza a ese ritmo, produce un gran equilibrio, la persona se vuelve resistente a las tensiones y controla mucho mejor sus emociones. Si hacer fosfenos es fácil, balancearse con el neurosincronizador es todavía más sencillo, no hay más que utilizar la APP de Fosfenismo diseñada al efecto para en cuestión de unos minutos, entrar en un estado óptimo para acometer las situaciones que habitualmente nos descontrolan.

De modo que se nos presenta una vez más las posibilidad de discernir entre dos concepciones antagónicas de la vida, el victimismo y la huida, o la responsabilidad y la fuerza, es decir, asumir que hay muchos depredadores y optar por quedarnos inmóviles, paralizados y en el mejor de los casos continuar siempre huyendo como en el ejemplo de la presa y el cazador, o bien afrontar el reto con energía y decisión, con equilibrio y fuerza, es un tema familiar en el eterno retorno de la vida y sus acontecimientos.

Un genio Bechamp  descubrió que los microorganismos cambiaban de forma para adaptarse a los cambios del medio en el que vivían y podían volverse patógenos, para él esto causaba la enfermedad, es decir, el problema viene de adentro, a esta teoría se la denomina pleomorfismo. justo como en realidad sucede con el estrés: no es tan importante lo que sucede como el modo en que vivimos lo que sucede, pues el estrés es una «respuesta» a los acontecimientos que puede descontrolarse.

Bechamp defendió que lo más importante en el proceso de la enfermedad era terreno del paciente. Pasteur en cambio en contraposición defendió el monomorfismo, la sangre sana es estéril de forma que en una situación ideal sería imposible el desarrollo de microbios o bacterias, cuando eso se produce es por el ataque desde el exterior de microbios invasivos que desencadena la enfermedad, esa es la opción victima, mi preocupación no es mi estado es el estado del agresor, mi problema es la agresión porque yo soy el agredido; ante esta segunda opción hoy en día se opta por cambios estéticos para superar el estrés que normalmente no hacen más que generar más estrés, como el animal que tras huir del depredador sigue en estado de alerta a la espera de otro reto, de otro depredador, y vive constantemente en una supuesta carrera de superación de obstáculos, cuando lo más importante no son los obstáculos, es él.

Optar por cultivar el terreno parece una buena idea y qué mejor que la luz y el dulce mecimiento de nuestro cerebro en un ritmo fisiológico. No parece un mal tema para gestionar el estrés

Con el fosfeno y la neurosincronización fortalecemos nuestro terreno nos erigimos en los dueños del mismo y afrontamos los retos desde la calma y el control elementos opuestos al estrés.

Se dice que Pasteur en su lecho de muerte, reconoció el trabajo de Bechamp y comentó: Bernard tenía razón , el germen no es nada, el terreno es todo. Fue demasiado tarde y se orientó toda la artillería hacia el exterior, olvidando cultivar el interior.

Es una homología creo que ilustrativa porque a menudo si preguntamos a una persona sometida a mucha presión, estresada, es común que nos hable de los factores estresores, de toda la batería de agresiones que sufre y que padece, y pocos son los que nos hablen de los puntos débiles de su enfoque ante las tensiones y de sus preocupaciones por reforzarlos, probablemente porque es más cómodo culpar a los microbios…

Aquí tiene expuesta otra vía, una vía de luz y de ritmo cerebral, para cultivar su poder y su energía, una vía que se aleja del estrés: el fosfeno y la neurosincronización.