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Experiencias iniciáticas, tonal y nagual

Experiencias iniciáticas, tonal y nagual

Tonal y nagual son dos formas de ver el mundo según el nagualismo tolteca. En definitiva, para nosotros únicamente serán dos modos de conceptualizar las experiencias iniciáticas. Por ejemplo, tonal sería la forma que nuestras mentes dan al mundo. Es decir, el mundo único y objetivo en el que creemos movernos. En contraste nagual es el espacio-tiempo en el que el gato de Schorödinger está vivo y muerto a la vez. A medida que crecemos nuestras percepciones se restringen cada vez más. Una montaña es una montaña y una taza de café es eso, no puede ser más que eso. Parece imposible que algo sea él mismo y todo lo demás. Sin duda, tenemos claro que existe un ahí fuera. ¿Qué es el tonal pues? El ahí fuera.

En Harvard se realizó un experimento para objetivar el efecto de la presión social en las percepciones. Consistía en valorar la longitud de dos líneas. En primer lugar, no se ejerció ninguna presión sobre los participantes. En consecuencia, el 99% coincidieron en qué línea era más larga y cual más corta. Sin embargo, se aleccionó a un grupo mayoritario para escoger la línea errónea. El resto, sometido a presión, acabó coincidiendo con el resultado equivocado en un porcentaje del 36’8 %. Parece que hay una tendencia innata en consensuar lo que hay ahí fuera.

A los cursos de chamanismo de Fosfenismo llegamos muy aleccionados sobre qué percibimos. Es decir, qué ahí fuera. Sin embargo, las experiencias iniciáticas que se producen nos permiten ver de otra manera. Pero esa visión subjetiva también corre el riesgo de convertirse en un consenso colectivo. Del mismo modo que la presión hace ver como más corta una línea en realidad más larga.

El nagual, en la experiencia iniciática

Nosotros percibimos lo que creemos que debe estar ahí fuera. Pero, no necesariamente lo que hay ahí fuera, si es que tal cosa existe. Por ejemplo, nuestros sentidos son filtros moduladores. Por ejemplo, la retina no ve el color, percibe ondas electromagnéticas. Aún más, no oímos música, percibimos variaciones de la presión del aíre. Todavía más, el frío y el calor no son más que moléculas que se mueven a distintas velocidades. Es decir, son nuestros sentidos procuran información a nuestro cerebro para que cree su mundo. El mundo nagual nos permite deshacernos de las estructuras preestablecidas que nuestro cerebro crea de la realidad ordinaria. En contraste, hay que estar atentos a no convertirlas en creencias de lo que hay del otro lado.

En consecuencia, nuestros sentidos forman parte, participan de lo que hay fuera. Por lo tanto, quizás la pregunta sería, ¿realmente hay un tonal, existe una ahí fuera? ¿Existe más allá de nuestra percepción? ¿No estamos actuando como si para mirar nuestros ojos, retrocediéramos con nuestra cabeza intentando verlos? Por la razón que la consciencia se encuentra en el espacio-tiempo. Más aún, participa de él, todavía más, lo crea como en la función de onda de Schrödinger. El indeterminismo pues, es total.

El famoso dilema del gato de Schrödinger lo ejemplifica claramente. Un gato está encerrado en una habitación en la que hay material radiactivo. En una hora existe un 50% de posibilidades de que decaiga uno de sus núcleos. Además, al hacerlo descargará un contador Geiger que accionará un martillo rompiendo un frasco con gas venenoso. Como resultado, según la función de onda de Schrödinger, tras una hora, los estados del gato están mezclados. Es decir, esta vivo y muerto. Finalmente, es solo cuando alguien observa, es decir, participa, que la realidad colapsa. 

Tonal y nagual viven mezclados

Nuestra atención no puede estar centrada en lo que siempre ocurre. Tal vez debería ocuparse en lo que una abrumadora mayoría de veces sucede. La realidad objetiva con el gato de Schrödinger, según el consenso, es la pactada por la colectividad. Escogemos vivir en un tiempo lineal, pactamos objetos sólidos y realidades objetivas. Pero existe otra parte que no está en nuestro consensuado ahí fuera. En contraste, al mundo tonal, existe el mundo nagual. El indeterminismo, la ilusión, maya, es lo verdaderamente real. Parece que, construimos nuestra realidad por colapso de todas las interferencias de posibilidades. Del mismo modo que decidimos sentir dolor, pues el dolor como tal no existe en sí mismo. El estímulo que produce el dolor, no es dolor. Es decir, codificamos en actividad nerviosa de ahí fuera. Pero el dolor no está ahí fuera.

Pensar en objetividad en relación con el mundo tonal de ahí fuera, es sencillamente mentira. Además, es una posición ingenua. El nagualismo es la indefinición del gato de Schrödinger, un mundo de interferencia. La objetivación del tonal siempre intentará colapsarlo. Debido a ello nuestros ojos han sido entrenados por el tonal. Más aun, la realidad se aprende en el tonal. En contraste, en el nagual se superponen todas las realidades posibles.

Hay un pasaje de Relatos de poder de Carlos Castaneda que siempre me ha gustado mucho. Castaneda ve a su doble. Don Juan le dice: si no te hubieras perdido en tu vicio de hacerte el niñito, podrías saber que tú mismo eres un sueño. Que tu doble te está soñando, de la misma manera que tú lo soñaste anoche.h

Nahualli y tonalli

La relación de los dos términos con el animal de poder es clara. Es decir, las experiencias cotidianas están determinadas por el animal tonal. En contraste, el animal del nagual, del chamán, está conectado con un mundo que se encuentra más allá de la realidad normal. De hecho, nahualli significa enmascarado, disfrazado. Sin duda, un modo de presentarse a la realidad fuera del anclaje del yo espacio-temporal.

Experiencia objetiva y subjetiva en las experiencias iniciáticas de los cursos de chamanismo

¿Qué significa nagual pues? El mejor modo de concebir el nagual es verlo como un sueño. Igualmente, la atención debe estar centrada en que es un sueño que sueña al soñador. Probablemente es fácil caer en la trampa de considerarlo como real, del mismo modo que hacemos con el tonal. Las experiencias iniciáticas deben considerarse, como aconseja hacer el Madhayamika con el mundo. Es decir, renunciando a ellas como ilusorias, pero a la vez obteniendo un provecho de sus vivencias. La diferencia entre el sueño y la vigilia debe ser eliminada. Por lo tanto, deberíamos poder transitar por los dos a voluntad y sin diferenciación.

En consecuencia, es tan ingenuo aferrarse a la subjetividad de las experiencias iniciáticas como hacerlo a su objetividad.

Finalmente, la clave está en obtener de ellas algo que nos haga más conscientes. Es decir, más felices.

Deja que sus ojos sean libres para contemplar todos los universos posibles. De hecho, todos desfilan a la vez por delante de ellos. Probablemente el universo sea una emanación de la mente, una gran ilusión. Pero, no es producto de una sola mente, todos contribuimos al consenso. Mente y materia son vibraciones, ondas que se producen en un mismo estanque. Es pueril preguntar por el estanque. Así como reza un proverbio budista. ¿Está muerto Dios? Si respondes que sí o no, dejas de ser Buda. El Buda vive en la indiferenciación tonal y nagual son lo mismo. Por las ventanas que ven sus ojos pasan todos los universos posibles.

Schrödinger en The Mystery of the Sensual Qualities, describe la luz amarilla como compuesta de ondas electromagnéticas. Por lo tanto, con una longitud de onda específica, 590 milimicras. Pero ahí fuera, no hay nada que tenga que ver con la sensación de amarillo. Schrödinger se pregunta: ¿Dónde aparece lo amarillo?

¿Qué buscas en un curso de chamanismo?

En los cursos de Naturofosfenología las experiencias iniciáticas son intensas. Sin duda, existe un antes y un después. Pero por encima de todo hay que rentabilizar las experiencias iniciáticas. Parece que cierta tendencia entre los alumnos intente dar un color tonal a las experiencias iniciáticas vividas. Es absurdo buscar carteles indicadores en el nagual como lo haríamos en el tonal. Del mismo modo no nos movemos igual en el agua que en tierra. Y debido a ello no entendemos más real una que otra.

Las experiencias iniciáticas de los cursos de chamanismo de Fosfenismo son subjetivas. Probablemente, es decir, seguro, no más que el color amarillo que tan objetivamente crees ver.